Tensiones musculares

He pasado varias semanas paralizada de miedo. Me metía en la cama, con Emma, y sólo me ponía de lado para darle el pecho. Tenía la espalda molida y había noches que el nervio ciático me dolía. Como una corriente eléctrica, igualito que a mi marido y su simpática hernia discal. Estaba aterrorizada, ¿tendría una hernia? Me quedaba quieta en la cama, cruzando mentalmente los dedos. “Por favor, no puedo tener una hernia, por favor, yo no, con uno en casa es suficiente”, repetía como un mantra. Me decidí a pedir cita en la Escuela de masajes Mans de Castellón, que lleva 25 años descontracturando a mis antiguos vecinos. Acudí con el alma en vilo y casi salgo corriendo al saber que no son fisioterapeutas, sino quiroprácticos. “¿Qué es eso?”, pregunté ignorante, “masajistas que estudiamos por lo privado”, contestó él. “¿Y hacéis crac con los huesos?”. “Sabemos, pero personalmente no soy partidario”. “Bueno, vale, me quedo”, refunfuñé. Todavía con la mosca detrás de la oreja, me desvestí delante de Ulises, mi quiropráctico, algo que tampoco me gustó, ya que cada año me vuelvo más vasca y mis minifaldas son más largas, los escotes más cerrados y mi timidez ante ojos ajenos aumenta. De mala gana me quité la ropa, me tumbé aguantando el sujetador con una mano para que no me viera el pecho, que medio Bilbao ha podido contemplar con tanta lactancia imprevista, y le expliqué que me dolían las lumbares. Aquel hombre posó sus manos sobre ellas y, muy seguro, me indicó que la zona parecía estar bastante bien. Para mi sorpresa, bajó las manos (y mi ropa interior) y empezó a masajear mis nalgas. Dios, qué daño. “Creo que tienes el piramidal contracturado”, dijo él. “¿Qué es eso?”, respondí enfadada (mi culo, mi pobre culo, ¿qué le pasa ahora?  ¿no ha tenido suficiente con el parto?). “Es el músculo situado en los glúteos, uno de los dos músculos más emocionales del cuerpo y que el nervio ciático atraviesa, provocando una pseudociática”. Ahí estaba la respuesta: clara y concisa. ¡Qué alivio! ¡Qué bien, Ulises! Dice mi marido que ese hombre es un mago porque desde ese día ya he vuelto a hacer movimientos y posturas poco recomendables para mantener una espalda sana. Yo le digo que me deje un poco en paz que me contractura el culo de tanto trabajo que me da. ¡Ji, ji! No, no le digo eso. Sólo a vosotras.

En la imagen, vía Wikipedia, un esquema de la zona del músculo piramidal. Actualmente estoy aprendiendo a destensarlo. Tal y como me dijo el masajista, ese es el paso más importante para evitar la contractura.

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