sentido de la posesión en bebés y niños

Expresar el desacuerdo en bebés y niños

Desde que Emma cumplió veinte meses aprovecha cualquier situación para reñirnos. “Aita: no, no, no”, le dice a su padre gesticulando un no con el dedo índice cuando bebe el zumo directamente del cartón. Nuestra gata es el foco de sus reprimendas: Kira no te subas al sofá, Kira no cojas mi juguete, Kira no vengas aquí, etc. A ello hay que añadir un marcado sentido de la posesión. Todo lo que es de Emma, Emma lo señala y exclama “¡Emma!”. Incluso reivindica sus propios pedos cuando el resto del mundo los escuchamos. Pedo sonoro: “¡Emma!”. Pero cuando estamos con más gente me entra un poco de pudor materno (no por los gases de mi hija, sino por su constante Emma, Emma, Emma y no, no, no). El caso es que ayer se lo comenté a la coordinadora de la haurreskola y ella me tranquilizó explicándome que la actitud de Emma es muy positiva cuando dice que no a los demás y cuando se aferra a sus juguetes y cosas. Me explicó que cuando la niña dice no está utilizando ese recurso para expresar su desacuerdo, en vez de enrabietarse y/o pegar. Añadió a modo de ejemplo que una compañera de la fiera que hasta hace unas semanas pegaba para defender los juguetes con los que jugaba ahora ya los agarra con fuerza, ladea el cuerpo y dice: “¡No, no, no!”. Sobre la actitud posesiva, la educadora me dio también una larga y convincente explicación que soy incapaz de reproducir aquí porque eran muchos conocimientos juntos que no sé expresar. Pero el resumen es el siguiente: no compartir está bien. No hay que obligarles. Sus cosas son sus cosas y ello tiene también que ver con la relación con la madre (ahí es donde me perdí en la explicación, tengo que volvérselo a preguntar). En fin, que se acabó el pudor materno cuando a la niña le salga un no de corazón aferrada a su última posesión. ¡Ah! Y lo más importante de todo: al mismo tiempo que empezó a reñirnos cuando hacíamos algo prohibido o que no toca, empezó a decir que sí más a menudo para mostrar sus apetencias y deseos. Es decir, ¡hemos superado la fase del no a todo! Y es taaaan bonito oírla decir que sí… ¡Me encanta!

PD: Sobre compartir debo añadir que Emma es como nosotros. Comparte algunos juguetes con algunos de sus amigos. Con nadie más. Lógico, ¿no?

En la imagen, Kira subida a un árbol. La gata es el foco de muchas de las reprimendas de la niña. Y es que la minina, ahí donde la veis tan bonita, siempre intenta subir a las habitaciones, afilarse las uñas en la alfombra y un sinfín de cosas tajantamente prohibidas en nuestro hogar. Menos mal que Emma me ayuda a educarla. ¡Je, je!

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