Cuando pegan a un niño

mar

Defender al niño

Me mordía la lengua porque a quien zurraba era a sus propios nietos. Un azote en el culo, un pellizco fuerte, una oreja retorcida. En el parque, en el patio de la escuela. Al principio, Emma miraba con estupor y yo le explicaba que ese abuelo pega, que hacía mal por pegar y que era un mal abuelo. A mi me incomodaba ver esas escenas y que las viera Emma. Pero en la tarde de ayer el espectáculo subió de tono: una niña de cuatro o cinco años se acercó a él, le dijo “hijo de puta” y se marchó corriendo. Me sorprendió oír ese insulto en boca de esa niña, pero sabía porque lo hacía: el abuelo busca ese juego con los niños del mini pueblo. Busca sus reacciones, el juego bruto. Lo he visto decenas de veces. Y los niños entran al trapo, pero son niños, no saben qué significa ser un hijo de puta, sólo saben que eso no se dice y que es un insulto. Pero el abuelo se ofendió, y cuando minutos después la niña pasó a su lado, la agarró fuerte del brazo y le zurró tres veces en el culo. Fuerte. Me quedé ojiplática. Porque la niña no es su nieta. Cuando es su nieta, simplemente aprieto fuerte la mandíbula y le miro con desprecio. Pero ayer no era su nieta. Por tanto, cualquier día podría ser mi hija. Y le increpé:

– ¿Te parece bien pegar a un niño?

– ¿Sabes lo que me ha dicho? Me ha dicho hijo de puta.

– Sí, lo sé. Lo he oído. ¿Te parece bien pegar a un niño?

Eso no es pegar, es quitar el polvo.

– Yo no quito el polvo así.

– Eso no es pegar, es quitar el polvo y me ha llamado hijo de puta.

– Ni siquiera es tu nieta.

Y a partir de aquí la conversación subió de tono: empezó a incomodarse y a decirme que si tenía algo que decirle que se lo dijera en privado.

– Pues el espectáculo que has dado tú ha sido público, le respondí.

Luego me enteré que ha tenido escenas parecidas con otros padres. Y sigue pegando a niños que ni siquiera son de su familia. ¿Y si pegara a mi hija? Un escalofrío recorrió mi espinazo.

En la imagen, el oceano atlántico tranquilo.

 

Mi hija no quiere dormir

chimenea

Tampoco quiere levantarse

Cuidado, hoy muerdo. Esta vez no es por la mala gestión del ébola, sino por mi magnífica y espléndida hija. Que no quiere acostarse ni levantarse. Porque se va a la cama llorando como una posesa, pasada de rosca, porque cuando el cansancio la atrapa ni razona ni habla ni escucha ni ná de ná. Y porque cuando tiene que levantarse por las mañana, no puede con su alma. Ni con su cuerpo. “Apártate”, masculla cuando me acerco y me la como a besos.

Besos. ¡Ni uno más!, me ha dicho esta mañana. “¿Y qué quieres?”, le he preguntado llena de desesperación. El silencio como respuesta. Tres años y medio, no sabe lo que quiere. Bueno, sí: dooooormirrrr. Hasta las 10.30 horas.

Ya, claro. ¡No te jode! Porque la fiera necesita muchas horas de sueño, pero no quiere dormirse nunca. ¿Pilláis el matiz? Pues eso, círculo vicioso. Y lo peor es que tras estos tres años y medio de crianza, esta madre primeriza lo único que ha aprendido sobre pautas y sueño infantil es lo siguiente:

LA ELECTRICIDAD NO ES NUESTRA AMIGA. 

Porque en estos tres años y medio la única puñetera vez que la fiera se durmió así, sin más, de noche, pronto y por las buenas, fue aquel día en que la nieve nos dejó sin suministro eléctrico cuando vivíamos en el caserío y todo estaba nevado. Era invierno, la luz se fue a las seis de la tarde, cuando ya era de noche y todo estaba oscuro. Oscuro-negro, no oscuro-farolas (eso es trampa). A las ocho de la tarde, señoras, la fiera se durmió. Tal cual. Suave y levemente, delante de la chimenea y a la luz de las velas. De puro aburrimiento y abatida por la oscuridad.

¿Y qué hago ahora? ¿Desconecto el diferencial? ¿Apedreo las farolas de la calle? Pues no sé… Se admiten sugerencias.

En la imagen, la chimenea de mi suegra a todo gas una noche del pasado agosto en la mierda de agosto-alemán que tuvimos. ¡Toma mordisco!

Breve resumen de estos tres años y medio: Simplemente, desde que tiene dos meses, ella prefiere jugar a dormir. Dormir es de cobardes. Y ella es una valiente. Y sí, hemos insistido en la rutina y hemos probado el llanto controlado (cuando era un bebé) y, tres noches, la dejamos llorar (¡terror!). La rutina se la pela y llorar puede llorar mucho y, hablando en términos tradicionales, “no aprende la lección”. Así que colchamos, casi siempre y también ahora (yep, sí, volvimos a la carga en abril). En su día asumí que ella es así y listo. Pero ahora vuelvo a estar desesperada porque no quiero noches y mañanas de mal humor por puro cansancio que canaliza llorando de frustración.

Debajo de la mesa

debajo_de_la_mesa

Juegos infantiles

Emma se esconde debajo de las sábanas. Emma se esconde en su casita. Emma se esconde debajo de las mesas. Emma prepara picnics en la cama elástica. Emma se encierra en su habitación con su amiga para jugar sin que les molestemos. Emma busca en casa recovecos para su mundo de fantasía. ¡Gloriosos tres años! ¿Ideas para disfrutar? Estas dos me han encantado…

Este tipi para el jardín me ha dejado sin palabras, del blog Alternative Gardning y me recuerda al arbusto de la escuela donde Emma y sus amigos juegan a esconderse y a que viene el lobo ;)

tipi_exterior

Y esta sencilla y elegante tienda es del blog Made. ¡Preciosa! Feliz martes.

tienda_niños_jugar

El ébola, los protocolos y la seguridad

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Mentiras, desinformación y manipulación

En casos de crisis, hay que tener sumo cuidado a la hora de buscar fuentes veraces de información. Los Gobiernos españoles, éste y anteriores, no suelen ser una fuente muy fiable. Tienen demasiados intereses propios y están demasiado acostumbrados a que la ciudadanía perdone y olvide sus errores. Sin embargo, lo que ha ocurrido estas últimas semanas en Alcorcón pasará a la Historia. Esa historia que se escribe en mayúsculas: España ocupa el primer puesto en el ranking mundial de contagio de ébola fuera de África.

Por tanto, el presidente Mariano Rajoy y sus compañeros de Gobierno no quieren pasar a la historia como los eunucos que trajeron a dos moribundos sin estar preparados para su atención médica. Por ello insisten ayer y hoy en culpabilizar a la auxiliar de enfermería contagiada de ébola y no asumen que los protocolos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad eran escasos e ineficientes. El Gobierno ha cogido la salida a la desesperada. Y son como una apisonadora. No les importa esa mujer y ni su reputación, ni tampoco la del resto de personal sanitario de Alcorcón.

Afortunadamente, en 2014 resulta fácil encontrar fuentes veraces de información. Por ejemplo, ayer en Twitter el doctor Juan Manuel Parra se quejaba de que el periódico ABC mintió cuando decía que él atendió a los misioneros hasta diez veces sin mascarilla. Su sorpresa al leer el artículo fue inmensa, y asegura que cumplió el protocolo. ¿A quién creer? ¿Al médico o al ABC? Por supuesto, al médico. Porque el Gobierno está tratando hacernos creer que sus protocolos eran correctos y que el personal sanitario falló en masa. No, señores, no cuela. 

Y por fin esta mañana El País y El Mundo se han hecho eco del relato completo del dcotor Parra en el que destaca que las mangas del traje de seguridad le quedaban cortas. Sin palabras. #AnaMatoDimisión

Ahondemos ahora en la historia de la contagiada. la auxiliar de enfermería también cumplió el protocolo: se puso el traje y luego se lo quitó. Pero ¡ops! El ébola requiere un protocolo mucho más extenso que el recomendado por el Ministerio de Sanidad para colocar el traje y, sobre todo, para retirarlo. Momento en el que parece ser que se produjo el contagio de la auxiliar de enfermería. El doctor Jota Echevarría, que trabaja en Sierra Leona tratando pacientes con ébola, ha escrito una clarificadora carta abierta en el Huffington Post en el que explica que para aprender dicho protocolo se necesitan dos semanas de formación que imparte personal de Médicos Sin Fronteras, la organización que actualmente más sabe sobre la gestión del ébola en todo el mundo. ¡Dos semanas, señores del Gobierno! Una formación que no recibió el personal sanitario de Alcorcón.

En el protocolo de Médicos Sin Fronteras, el proceso de retirada del traje dura entre 20 y 25 minuotos “donde se siguen estrictamente unos pasos ordenados y bajo la supervisión de dos personas: una, continuamente desinfectando con espray, y otra recordando los pasos que hay que seguir”, escribe en su carta el doctor Echevarría. “Incluso los más expertos en el tema, los que entran a diario en las zonas de riesgo varias veces -porque no se puede estar con un traje de este tipo más de una hora por peligro de deshidratación-, incluso los más habituados al largo y tedioso proceso de poner y quitar el equipo de protección personal, se olvidan a veces de algún paso o se equivocan en el orden de los procesos y protocolos, y eso puede llevar al contagio”. Por eso, una persona desinfecta y la otra enumera en voz alta los pasos que debe seguir.

En estos momentos debemos ser cuidadosos sobre cómo queremos recordar estos días. Y por ello debemos buscar fuentes veraces y fiables para trazar un relato objetivo y certero sobre cómo se produjo el primer contagio de ébola fuera de España. Yo ya lo tengo claro, ¿y tú?

En la imagen, de Médicos Sin Fronteras, una persona desinfectando una zona donde han pasado pacientes de ébola.

 

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