El ébola, los protocolos y la seguridad

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Mentiras, desinformación y manipulación

En casos de crisis, hay que tener sumo cuidado a la hora de buscar fuentes veraces de información. Los Gobiernos españoles, éste y anteriores, no suelen ser una fuente muy fiable. Tienen demasiados intereses propios y están demasiado acostumbrados a que la ciudadanía perdone y olvide sus errores. Sin embargo, lo que ha ocurrido estas últimas semanas en Alcorcón pasará a la Historia. Esa historia que se escribe en mayúsculas: España ocupa el primer puesto en el ranking mundial de contagio de ébola fuera de África.

Por tanto, el presidente Mariano Rajoy y sus compañeros de Gobierno no quieren pasar a la historia como los eunucos que trajeron a dos moribundos sin estar preparados para su atención médica. Por ello insisten ayer y hoy en culpabilizar a la auxiliar de enfermería contagiada de ébola y no asumen que los protocolos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad eran escasos e ineficientes. El Gobierno ha cogido la salida a la desesperada. Y son como una apisonadora. No les importa esa mujer y ni su reputación, ni tampoco la del resto de personal sanitario de Alcorcón.

Afortunadamente, en 2014 resulta fácil encontrar fuentes veraces de información. Por ejemplo, ayer en Twitter el doctor Juan Manuel Parra se quejaba de que el periódico ABC mintió cuando decía que él atendió a los misioneros hasta diez veces sin mascarilla. Su sorpresa al leer el artículo fue inmensa, y asegura que cumplió el protocolo. ¿A quién creer? ¿Al médico o al ABC? Por supuesto, al médico. Porque el Gobierno está tratando hacernos creer que sus protocolos eran correctos y que el personal sanitario falló en masa. No, señores, no cuela. 

Y por fin esta mañana El País y El Mundo se han hecho eco del relato completo del dcotor Parra en el que destaca que las mangas del traje de seguridad le quedaban cortas. Sin palabras. #AnaMatoDimisión

Ahondemos ahora en la historia de la contagiada. la auxiliar de enfermería también cumplió el protocolo: se puso el traje y luego se lo quitó. Pero ¡ops! El ébola requiere un protocolo mucho más extenso que el recomendado por el Ministerio de Sanidad para colocar el traje y, sobre todo, para retirarlo. Momento en el que parece ser que se produjo el contagio de la auxiliar de enfermería. El doctor Jota Echevarría, que trabaja en Sierra Leona tratando pacientes con ébola, ha escrito una clarificadora carta abierta en el Huffington Post en el que explica que para aprender dicho protocolo se necesitan dos semanas de formación que imparte personal de Médicos Sin Fronteras, la organización que actualmente más sabe sobre la gestión del ébola en todo el mundo. ¡Dos semanas, señores del Gobierno! Una formación que no recibió el personal sanitario de Alcorcón.

En el protocolo de Médicos Sin Fronteras, el proceso de retirada del traje dura entre 20 y 25 minuotos “donde se siguen estrictamente unos pasos ordenados y bajo la supervisión de dos personas: una, continuamente desinfectando con espray, y otra recordando los pasos que hay que seguir”, escribe en su carta el doctor Echevarría. “Incluso los más expertos en el tema, los que entran a diario en las zonas de riesgo varias veces -porque no se puede estar con un traje de este tipo más de una hora por peligro de deshidratación-, incluso los más habituados al largo y tedioso proceso de poner y quitar el equipo de protección personal, se olvidan a veces de algún paso o se equivocan en el orden de los procesos y protocolos, y eso puede llevar al contagio”. Por eso, una persona desinfecta y la otra enumera en voz alta los pasos que debe seguir.

En estos momentos debemos ser cuidadosos sobre cómo queremos recordar estos días. Y por ello debemos buscar fuentes veraces y fiables para trazar un relato objetivo y certero sobre cómo se produjo el primer contagio de ébola fuera de España. Yo ya lo tengo claro, ¿y tú?

En la imagen, de Médicos Sin Fronteras, una persona desinfectando una zona donde han pasado pacientes de ébola.

 

Vivir en un pueblo con niños pequeños

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Pros y contras

Tras casi dos años en el mini pueblo, nuestra experiencia podría resumirse del siguiente modo:

Pros

  • La vida con niños es muy sencilla y repetitiva, lo cual es perfecto para los pequeños amantes de las rutinas, como nuestra fiera. Después de dos años, por fin le he cogido el punto y me dejo llevar por la tranquilidad de la vida de pueblo. Donde fueres, haz lo que vieres.
  • Exploran la naturaleza. Ahora es momento de bellotas y castañas. Por tanto, tenemos la casa llena de “comiditas” con ingredientes típicos del otoño (bellotas y castañas, además de las habituales piedras, ramas, hierba y flores).
  • Experimentan el primer acercamiento a la muerte de forma natural, como os expliqué en este post.
  • Hay vida de comunidad: todos cuidamos de todos. Y los niños van de casa en casa, como antiguamente.
  • Más protegidos de extraños. Cuando aparece un extraño en el parque o en el pueblo, enseguida se corre la voz y salta la alarma hasta que averiguamos quién es (algún tío, algún primo, alguna visita, etc.).
  •  El tráfico aquí es de otro costal.  “¡Ten cuidado! ¡Que te puede atropellar un tractor!”, escuché decir hace poco a un abuelo. Me reí por lo bajini porque el tractor no iba a más de 20 km/h y todavía estaba lejos. En el mundanal ruido las cosas no son tan sencillas.

Contras

  • Son niños más rudos. “Mamá, ¿quién es ese niño? No lo conozco”, me pregunta Emma de tanto en tanto. Y un escalofrío recorre mi espalda: “Cariño, no podemos conocer a todas las personas. Aunque es cierto que aquí las conocemos a casi todas…”. En el mini pueblo todos nos conocemos, lo cual crea una sensación de desconfianza cuando ve pasar a un niño que no conoce.
  • Falta de estímulos (y, por tanto, de flexibilidad). A veces la vida en el mini pueblo puede ser aburrida y tediosa. Sin cafeterías, sin restaurantes, sin parques (en plural), sin semáforos, sin improvisación, sin nada de nada. De tanto en tanto tengo que huir y me llevo a Emma a Bilbao para recordarle que existen mundos con semáforos y farolas que hacen que la noche parezca día. Y nos tomamos un pincho en un bar. Y entramos en tiendas y nos probamos zapatos. De hecho, tener que ir a la ciudad para hacer cualquier compra (gorro de piscina, botas de agua, camisetas, mallas, etc. es un coñazo).

En las imágenes, una de las charcas de uno de los ríos del mini pueblo y un gusano precioso. ¿Os gusta la vida de pueblo? ¿O preferís las ciudades? Nosotros seguimos con el corazón partido y aunque estamos muy a gusto en el mini pueblo, Bilbao todavía nos tiene robado el corazón.

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¿Cepillo eléctrico o manual?

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Buenos hábitos

¡Hola! ¿Que tal el fin de semana? Yo he estado practicando con el hilo dental, ya que el pasado jueves la higiniesta me hizo una dolorosa limpieza de boca y me enseñó a pasar el hilo correctamente para evitar que se me inflamen las encías debido a la acumulación de bacterias que se produce entre el diente y la encía. Este reto se une al de agosto, cuando compramos un cepillo eléctrico Oral B con cabezales para los tres. Y es que tras varias semanas de dolor de boca, cabeza y oído, he aprendido la lección: debo cepillame mejor los dientes para no dañarme las encías (sin apretar), pasarme bien el hilo dental (hasta abajo, más allá del comienzo de la encía) y visitar a la dentista periódicamente para revisar caries y empastes (¡auch!). Y vuestras fieras, ¿cómo se lavan los dientes? ¿Con cepillo eléctrico o manual? A Emma le encanta su nuevo cabezal de princesas y lavarse los dientes con el cepillo eléctrico. Y nosotros nos quedamos muy tranquilos al saber que el resultado es óptimo. Win, win!

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En las imágenes, el quid de la higienista para la limpieza, junto con las muestras de pasta que me dio, y el cabezal de princesas del cepillo eléctrico de Oral B, apto a partir de los tres años.

La muerte cotidiana

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Los animales no duermen

– ¡Mira, mamá!, dijo ayer Emma con el puño cerrado. Abrió la mano y añadió:

- Está muerto. Lo he encontrado en la cama elástica, afirmó contundente sobre una mosca muerta y desalada. Y volvió a la hierba para dejar la mosca en el suelo.

Hace un año Emma empezó a tantear el concepto de la muerte con los animales que íbamos encontrando en el camino a la escuela, sobre todo caracoles, babosas y lombrices. Con la lluvia salen a pasear y algunos terminan trágicamente pisados. El pasado curso, Emma no tenía muy claro qué significaba estar muerto y alternaba los verbos dormir y morirse, creo que esperando una explicación por mi parte que no llegaba. No sé qué ha cambiado ahora, ni tampoco creo que realmente entienda el concepto tan profundo de la muerte (ya está, se acabó, no hay más). Pero me alegra saber que Emma está aprendiendo ese concepto tan difícil y tan esencial en el campo. Cosas buenas que tiene vivir entre cabras, caracoles y bosques. Y vuestros hijos, ¿os preguntan si los animales están muertos o dormidos? ¿Les habéis ofrecido una explicación? ¡¿Cuál!? Yo no sabría qué decirle… Ni siquiera supe consolarla cuando vio Bambi las pasadas Navidades (¡nunca más!) y lloró como una magdalena al darse cuenta de que faltaba la madre. Nos pasó lo mismo este verano con Ice Age, la edad de hielo. ¿Cómo se les ocurren esas tramas a los señores de Disney? Vayamos poco a poco.

En la imagen, nuestro tarro atrapa bichos de Tiger. Dentro guardamos algún bicho para observarlo y luego lo liberamos.

Cuánto cuesta el cambio de armario

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300 euros

¡Hola! ¿Qué tal el pasado fin de semana? A mi me ha quedado una tarea pendiente: el cambio de armario. Por una parte me parece un coñazo, pero por otra parte me agrada pensar en el futuro y en las celebraciones que se avecinan (Halloween, Navidades, Carnaval, el cumpleaños de Emma). ¿Vosotras habéis hecho ya el cambio? Nosotras lo empezamos en agosto, con el viaje a Alemania, donde compramos un montón de ropa de invierno (y mis padres contribuyeron a la causa ;) ). Compramos tres pares de leotardos, un vestido, dos faldas, una rebeca gordita, un chaleco, una chaqueta-polar-chubasquero, dos camisetas de manga larga, unas zapatillas de deporte y dos pares de calcetines extra gordos. Gastamos 140 euros. Y todavía queda comprar mucho más (mallas, mallas y mallas, braguitas, pijama, botas de invierno, botas de agua, plumífero y algún jersey), y es que la fiera crece y crece sin parar. Para que os hagáis una idea, antes los tíos de Emma nos pasaban ropa de su hija, que es un año y medio más mayor que Emma, pero este verano nos hemos dado cuenta de que Emma ya es casi tan alta como su prima, por lo que comparten talla y, probablemente, el año que viene nosotros podríamos pasarles ropa a ellos. ¡Toma ya! Por si alguna tiene dudas, de la ropa del año anterior, casi nunca usamos nada porque no le cabe. Haciendo números, cada cambio de armario de invierno supone un gasto inicial de 300 euros, quizá 350 en el caso del invierno, al que hay que añadir unos 80 euros más para renovar zapatos a final de invierno por cambio de talla (zapatillas, botas de agua, chancletas para la piscinia). ¿Cuánto dinero invertís vosotras en el armario de vuestras fieras? ¿Os gustan las marcas o preferís amortizar vuestro presupuesto? Nosotros siempre buscamos la mejor calidad-precio y eso lo encontramos en las siguientes tiendas:

Name it: es una marca danesa que borda los plumíferos y las chaquetas de invierno. No son pesadas, abrigan mucho y Emma va cómoda. Todas las demás prendas son preciosas y me encantan, pero si comprara en esa tienda, en vez de 300 euros necesitaríamos un presupuesto de 900.

H&M: jamás de los jamases volveré a comprar camisetas básicas y mallas básicas porque son tan finas como papel de fumar (suspenden en calidad), pero son geniales para chándales, sudaderas, vestidos, faldas, jerseys, ganchitos, diademas y chorradas varias (bolso, alas de hada, etc.). Este primavera y verano Emma ha ido rompiendo sus mallas al ritmo de una cada dos semanas. Agujeros en el culo.

Zara: me gusta si tienen estampados infantiles y la tela es de buen algodón. Pero huyo de la ropa que podría llevar yo misma si la fabricaran en mi talla y del algodón tan fino como el del H&M. No, no, no.

Ersting’s Family: es una gran franquicia alemana donde compra todo quisqui porque encuentras la mejor relación calidad-precio: algodón 100% de gran gramaje. Ahí compro de todo excepto el calzado, que es de chichinabo.

Emu: las botas australianas de piel de borrego se han convertido en un imprescindible. El año pasado llevó el modelo de mariquita. ¿Cuál compraremos este año? En Amazon encuentras pares rebajados y puedes hacer con uno por entre 60 y 70 euros. El precio normal es de 90 euros. Pie caliente, pie feliz. Y en el campo hace mucho frío. A mi me gustan las azules pero algo me dice que Emma escogerá algún modelo con más rosa.

Decidme, y vosotras, ¿dónde compráis? ¿Cuánto gastáis? ¿Tenéis la inmensa suerte de que alguien cercano os pase ropa?

En las imágenes, la nueva chaqueta de entretiempo y la nueva rebeca (que ahora le va grande de mangas) conjuntada con las mallas y zapatillas también nuevas.

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