Parto

Las mujeres de Bilbao tenemos dos opciones: dar a luz en el hospital de Basurto o en el de Cruces (Barakaldo). Escogimos Basurto porque está a pocas paradas de tranvía y metro, lo cual parece cómodo para el padre, que debe desplazarse de vez en cuando, y porque es un hospital familiar. Es pequeño, tiene jardín y cuenta con diversos edificios que agrupan a los pacientes por enfermedades. Las que no estamos enfermas sino embarazadas disponemos también de nuestro pabellón: el de maternidad. La decisión parecía correcta. No obstante, la maternidad de Basurto deja bastante que desear. Tiene un amplio equipo médico y asistencial en el caso de que surjan complicaciones, pero todo lo demás está tan desfasado que cuesta pensar en positivo. Sólo hay tres salas de dilatación. Es decir, si hay más de tres mujeres dando a luz al mismo tiempo, compartes habitación. En la nuestra, la ventana no cerraba, pero afortunadamente no hacía frío a pesar de ser invierno. Después de parir, te bajan a la planta baja. La primera noche tuvimos la gran suerte de pasarla solos, la segunda y la tercera estuvimos acompañados por una familia cuya simpatía brillaba por su ausencia. Jamás se interesaron por Emma. No me preguntaron ¿qué tal? Y la madre de la parturienta tildó a  Emma de “condenada” porque durante cuatro horas seguidas lloró. ¿Cuestión de suerte? Sí, te puede tocar una familia más afín a ti. Pero por muy agradables que sean, las habitaciones son tan diminutas que hasta la silla del acompañante es minúscula. Y debe dormir ahí… En esa habitación la ventana no estaba rota, pero dormíamos (corrijo: pasábamos la noche) con la ventana entreabierta por todo el calor humano que se acumulaba. Realmente tuve miedo de que Emma se resfriase de tanto calor que había. Supongo y espero que algún día renovarán la maternidad de Basurto, porque si ya es difícil hacerte a tu nueva vida con un recién nacido, resulta poco agradable compartirlo con desconocidos. ¿Algo positivo? Sí, la comida. Creo que las parturientas éramos las mejor alimentadas de todo el hospital. Y si te quedabas con hambre (algo muy difícil), podías poner cara de tristeza de madre lactante y te traían más fruta y galletas.

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