Lactancia materna

Mi mayor preocupación después de que Emma naciera, fue que cogiera bien al pecho. Como estuve casi una hora en el paritorio después de expulsarla (doné la sangre de su cordón umbilical, alumbré la placenta, me cosieron), tardé lo que a  mi me pareció una eternidad en darle a probar su comida. Mientras, ella lloraba y lloraba. Pero cuando la tumbaron a mi lado y olió la teta, automáticamente se calmó y se puso a buscar el pezón. Enseguida se agarró y empezó a succionar con éxito. No lloró más en toda la noche. Cuando se despertaba, le daba de mamar y cuando ya no quiso más (creo que se cansó de succionar), se chupaba sus deditos y se quedaba tranquila. Pero el calostro es poco alimento para mi pequeña tragaldabas… Durante cuatro largas noches y cuatro largos días, no se sirvió leche en el restaurante de Emma. La subida tuvo lugar en la noche del sábado, ya en casa. El viernes salimos del hospital y Emma había perdido 400 gramos (el 11% de su peso). “Está en el límite”, me dijo la pediatra de turno. “Te vamos a dar cita para el domingo. Tráela al hospital y la pesaremos. Hasta entonces, póntela al pecho cada dos horas. Tiene que aumentar. Y piénsate lo de las ayudas”. ¡Uf! ¡Qué estrés! Emma apenas tenía tres días y yo ya era una mala madre sin alimento suficiente para mi bebé. Fue un fin de semana horrible. De las 24 horas que tiene el día, Emma pasó doce agarrada a mi pecho. Antes de llegar a casa, fui a la farmacia y compré un extractor de leche (el manual de Medela), pomada para las grietas (Purelan, mano de santo), una jeringuilla y me llevé unas muestras de leche preparada para recién nacidos (que, en caso de emergencia, le daría con la jeringa para no interferir con una tetina su apredizaje hacia la lactancia materna). Cuando el domingo volvimos al hospital y la pesaron, Emma había ganado ¡¡¡200 gramos!!! Cuando la pediatra se fue, me eché a llorar de alivio y de alegría. Me sentí una campeona. Y ahí no acabó la cosa: al día siguiente, el lunes, la llevé a la revisión de la semana y su pediatra me confirmó que había aumentado otros 100 gramos. Un hecho que mi matrona calificó de “increíble” y que su doctora valoró como “esperó que no siga aumentando a este ritmo…”. Una vez más, salí henchida de orgullo. Hoy tenemos la revisión de los quince días. ¿Cuánto habrá aumentado? Seguro que bastante, porque se está poniendo rolliza… Pero lo que quiero decir con este post es que la lactancia materna no es fácil y que hay que insistir e insistir, a pesar de lo que te digan y aconsejen a tu alrededor.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...