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El lenguaje de los niños (y de los adultos)

Este es un tema controvertido. Nos devuelve un reflejo de lo que somos: de cómo hablamos, de cómo nos relacionamos, de quién tenemos alrededor. ¿Vuestros hijos piden las cosas por favor? ¿Dan las gracias? ¿Contestan de nada? ¿Lo hacen a iniciativa propia o si les insistís? ¿Pasáis del tema? Nosotros habíamos conseguido que Emma fuera bastante exquisita después de estar muy atentos al lenguaje que utilizábamos con ella. Por eso la fiera suele expresar sus apetencias del siguiente modo:

“Me apetece una galleta”, que suena mucho mejor que “mamá, galleta”.

“Más zumo, bitte”.

“¡Danke schön!”.

Danke schön es gracias en alemán y bitte es por favor y de nada, según el contexto.  En cambio ayer llegó de la escuela y por enésima vez esta semana me soltó:

“Más zumo, venga”.

A lo que esta mañana hemos añadido un sonoro:

“¡Coño!”.

Sí, parece que nos han cambiado a nuestra niña con modales de casi señorita por una camionera. Em, esperad, ¿camionera? No, señoras. El venga, el coño y la hostiaputa son el pan habitual en el lenguaje de muchas personas. Sin miramientos, sin recatos. Independientemente de su profesión, nivel cultural y económico. “Venga, va, ven aquí ya”, suelen decir muchas madres y padres en vez de “ven conmigo, por favor” (¿también vosotras?). Las palabras groseras (mis preferidas son mierda y joder, y no os imagináis cuánto me ha costado eliminarlas en presencia de la niña) pululan en la mayoría de las frases de muchas personas, no sólo hombres, sin la intención de molestar, insultar o crear un clima enrarecido. Sin ir más lejos, cuando era pequeña a mis padres (supongo que a mi madre) se le ocurrió que cada vez que mi padre soltaba un taco en mi presencia debía meter una moneda en mi hucha. Debería haberme hecho rica. Además de todo esto, en el máster de lingüística discutimos abiertamente sobre la manera de interactuar en el lenguaje castellano, al menos en la península Ibérica, que suele chocar bastante a los extranjeros, ya que usamos el imperativo en vez del condicional para pedir favores, por lo que, desde el punto de vista estrictamente lingüístico, damos (y obedecemos) órdenes constantemente. Entonces, ¿está todo perdido? ¿Es culpa de cómo hablamos todos nosotros? Probablemente, y esta característica se extiende al catalán y al euskera, ésta última, una lengua que hasta no hace mucho seguía utilizando ampliamente el uso del usted. Entonces, me pregunto otra vez, ¿no hay solución? Bueno, Emma elegirá cómo quiere hablar en un futuro. De momento, se expresa por imitación. Lo único que puedo hacer ahora es hacerle ver la importancia del lenguaje y que hay personas que se expresan de un modo bastante soez, que algunas de esas palabras pueden ser muy divertidas (el clásico pedo, caca, culo, pis) pero que mejor reservarlas para momentos especiales. Y, sobre todo, que a mi no me gusta darle órdenes, sino que prefiero pedirle las cosas por favor, tal y como me gusta que me hablen a mi. Que si nos acercamos a las personas con educación y tacto es posible que encontremos una respuesta mucho más positiva que con exigencias. Como decía, es un tema controvertido…

En la imagen, vía Wikipedia, el Big Ben de Londres y una cabina telefónica inglesa, un país famoso por los modales exquisitos de sus orihundos, por su toque polite, en inglés.

 

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