Maternidad

En Semana Santa y la segunda semana de mayo me desplacé de mi domicilio habitual con la pequeña. Pasamos diez y siete días fuera, respectivamente. Qué sorpresa me llevé al llegar al destino y darme cuenta de que no había cogido ni el cepillo de dientes (gajes de madre primeriza total). Ahora bien, la maleta de Emma estaba perfectamente hecha e incluso abultaba más que la mía. Con esto quiero decir que con la llegada del bebé no sólo pasas a un segundo plano ante tus familiares (que arrobados miran a la niña todo el tiempo), sino que incluso tu misma te olvidas de ti. No parece una actitud muy sana, ¿verdad?  ¿Pero se puede evitar? En agosto volvemos a marchar y procuraré prestar más atención a mis bártulos y artículos de higiene. Esto me recuerda que, si he de ser sincera, sigo sin ducharme todos los días… Ahora ya paso por debajo del agua casi todos los días de la semana, pero siempre hay jornadas en las que ando más apurada. Dado que todavía no hace calor y no sudo mucho, no supone un gran problema. Sin embargo, hace unas semanas tuve que solucionar el tema de la ropa. Emma empezó a devolver de vez en cuando. Regurjita algo de leche cuando se pasa mamando o todavía no ha hecho caca y tiene la barriga llena. Invariablemente, vomita encima de mi (algo que prefiero, después de tener que  limpiar un par de veces el sofá). Por tanto, aunque no me duche todos los días, por la mañana siempre me pongo una camiseta limpia e, incluso, una rebeca o jerséy fino también limpios. En H&M encontré dos modelos de camisetas con abertura frontal, perfectas para amamantar aun sin ser de lactancia, y me compré cuatro (por 40 euros, bien ¿no?). ¡Ah! Las lavadoras en esta casa van que vuelan.

En la foto, tomada durante nuestra luna de miel, cometas en la playa de Venice beach de Los Angeles.

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