Manual de protocolo

Las primeras semanas tras decidir que nos separamos fueron momentos críticos, dolorosos, tristes y también sorprendentes. Tenía que repetir, contar y explicar una y otra vez que habíamos decidido separarnos. Al final, era como un loro repitiendo la misma historia e incluso tomé distancia y empecé a observar las reacciones de mi interlocutor. Advertí, quizá, que el cómo reacciona es muy revelador. ¿Es una persona con empatía? ¿Está atravesando un buen momento? ¿O está en crisis perejil o vital? Las conclusiones que saqué es que quien está bien (satisfecho con su vida independientemente de su situación sentimental) respondía de la siguiente manera:

  • ¿Y cómo te sientes?
  • ¿Puedo ayudarte en algo?
  • Deja que te dé un abrazo…

Luego me di cuenta de que he recibido de todas estas personas una valiosa lección y es que, en realidad, su reacción es aplicable a cualquier confidencia demoledora como “tengo cáncer”, “estaba de cuatro meses y he perdido a mi bebé”, “mi hermano ha sufrido un accidente”, etc. No importa qué maldita circunstancia aceche, si preguntamos cómo te sientes, si podemos ayudar en algo y damos un abrazo a esa persona que está sufriendo la estaremos reconfortando profundamente, además de dejarle que se exprese libremente sin condicionar su respuesta. Porque fíjate: cuando preguntamos si estamos bien la respuesta sólo puede ser sí o no, lo cual es un poco terrible, ya que si no estamos bien y decidimos que estamos mal luego viene un incómodo silencio… ¿Te ha pasado alguna vez? ¿Sabes reaccionar ante una mala noticia? Yo no sabía…

¡Feliz fin de semana!

En la imagen, una foto de verano, cuando pensaba en todas estas cosas.

 

 

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