Posparto

Le llaman la cuarentena. Ahora entiendo porqué. El martes por fin me sentí medianamente bien cuando salí por la tarde a comprar pan, fruta y jamón. Pero vamos a hablar claro… ¿A qué se refiere una mujer recién parida cuando enigmáticamente comunica al resto del mundo que se está recuperando? Habla de sus partes íntimas. Ni más, ni menos. Durante el parto la ginecóloga me practicó una episiotomía. Estuvo cosiéndome media hora y al de una semana todavía tenía un hematoma en el perineo. Para que os hagáis una idea de como fue la cosa, os contaré que dos horas después de dar a luz, el enfermero vino a la habitación y me dijo muy contento: “Te traigo un regalo de la anestesista. Me ha dicho que has tenido un parto duro y te envía una dosis extra de epidural para que pases una buena noche”. “¿Más epidural? ¿Ahora que empiezo a sentir las piernas? No, no. ¡Pero gracias! Me encuentro bastante bien”. ¡Ja! Dos horas después le llamé desesperada y le pedí calmantes. Me suministró diez miligramos de paracetamol por vía intravenosa. El efecto apenas duró unas horas, pero bueno. Por la mañana continuamos con los maravillosos supositorios de Voltaren. Con todo ello quiero decir que no tenía ni idea de qué significaba una episiotomía. En mi caso, las zonas más afectadas han sido el perineo y el ano. Pero hay más… Desde que di a luz, cuando cuento la historia de mi parto, las mujeres que han pasado por lo mismo me explican en voz baja: “Y no te extrañes si dentro de unos meses todavía te duele cuando mantengas relaciones sexuales…”. “¿¿¿Queeeé???”, pregunté alterada la primera vez. Y es que parece ser que una de las consecuencias más habituales de las episiotomías son sentir dolor durante la penetración. Afortunadamente, tengo una matrona maravillosa que ya me advirtió que si más adelante sigo con molestias, me enviará a la unidad de recuperación del suelo pélvico del Hospital de Basurto o del Hospital de Cruces. Porque una cosa es sentir dolor y otra, muy diferente, es asumir que es normal vivir con él. Y no, no creo que sea normal sufrir con algo tan maravilloso como disfrutar de tu propia sexualidad. Hoy he visitado a la matrona para que echara un ojo a la parte de mi que se está recuperando. Ha insistido en mostrármela con un espejo. Una vez más, he rechazado su ofrecimiento. Pero esta vez, ella ha sido más insistente que yo y me ha asegurado que tenía una pinta genial y que no tenía motivos para asustarme. Así que hoy, a día 23 del parto, he observado con detenimiento la salida que utilizó Emma para venir al mundo. Es verdad, va viento en popa. ¡Por fin! Ya puedo empezar con los ejercicios de Kegel y la gimnasia hipopresiva para levantar los músculos alterados por el bisturí.

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