El dolor de dentición en los bebés

Cuándo le doy ibuprofeno a Emma

A Emma los dolores causados por la dentición le afectan constantemente. Así que me he hecho una experta en detectarlos. Ahí van:

  • El pis huele a amoniaco. Los ácidos que segrega la saliva mientras afloran los dientes pueden salir por dos sitios: por la orina o por las babas. Los de Emma van al pañal, antes le traspasaban la piel y  le enrojecían las mejillas.
  • Muerde con más frecuencia y busca objetos duros y fríos, como la madera (el tablero de la mesa) y el metal (las cadenas del columpio). Cuando el dolor aumenta, me muerde a mi. De hecho, hace unos meses, cuando me mordía el hombro era nuestra señal para tomar ibuprofeno.
  • Señala el bote de ibuprofeno, que está siempre a la vista (en lo alto de una estantería, junto con algunas de sus cremas). La mayoría de las veces le doy el calmante. Antes de llegar a ese punto, Emma lleva horas molesta, rabiosa y con dolor. Cuando era más pequeña, ocurría lo mismo: antes de morderme el hombro llevaba horas pasándolo mal.
  • Está rabiosa y furiosa. Salta a la mínima, llora por pequeñeces, desea estar en mis brazos todo el tiempo y, si está con otros niños, por ejemplo en el parque, les da patadas, bofetadas y les intenta morder. Cuando siente dolor, al igual que nosotros, no le gusta estar con gente.
  • El dolor dura días, hasta que la nueva pieza corta la encía y libera presión. O hasta que los dientes que ya tiene bajan unos milímetros (o suben, dependiendo de si son los de arriba o abajo). Al final del camino, el dolor le ha alcanzado los oídos, por lo que se los agarra, frota, estira, etc. Y llora muy fuerte. Incluso en varias ocasiones la hemos llevado a la pediatra pensando que tenía una infección de oídos. Normalmente esto ocurre por la noche, después de todo el día con molestias y varios días seguidos de dolores.
  • Pierde el apetito. A Emma le cuesta mucho perder el apetito, pero hay veces que no quiere comer, masticar ni utilizar la mandíbula. En esas ocasiones, le preparo purés y sopas y le ofrezco zumos naturales, yogures y yogures líquidos. Ella se frustra, ya que pide galletas buscando consuelo y tampoco las puede comer. Eso siempre me parece muy triste.
  • Justo antes de que rompa la encía, llora mucho si no se encuentra en una situación que no le gusta (si vamos en coche, por ejemplo). Lo que quiere son brazos. Si está en los brazos, está alicaída y con picos de dolor.
  • Cuando va en la silla de paseo, le molestan los baches, las bajadas y subidas de los escalones (aceras, escaleras, etc.) y, jugando, cualquier mini golpe y rozadura con la boca se convierte en un drama.
  • Sangre en la boca. Las dos últimas muelas (dos de abajo) le hicieron sangrar la encía. Fue muy escandaloso y me rompió el corazón. Ya os imaginaréis… Ella llorando, con la boca llena de babas y sangre, que se le caían por la comisura…. ¡Buf! Automáticamente le di ibuprofeno (y me sentí súper mal por no habérselo dado antes).
  • Por último, ¿cuál es la prueba irrefutable para saber si Emma siente dolor o se encuentra mal? Bien sea por el dolor de dentición o por cualquier otra enfermedad, si quieres saber si Emma se encuentra bien o no, basta con sacarle unas fotos. Cuando Emma está bien, en todas las fotos aparece súper feliz. Sus ojos están cargados de alegría, picardía o concentración y tiene la mandíbula en tensión, con una sonrisa, riéndose o dejándola abierta y con la lengua medio fuera si está realizando un esfuerzo (“vaya, cómo pesa esta caja, pero yo la voy a levantar”). Sin embargo, cuando se siente mal su expresión facial es de tristeza, con los ojos y la mandíbula caídos, y en todas las imágenes aparece así. No hay nada que hacer, puedes hacerle todas las payasadas que quieras, que siempre saldrá con el gesto triste o, como mucho, torcido.

Y he aquí la pregunta del millón: ¿Cuándo administrar ibuprofeno a un bebé? Con estos síntomas (todos o varios a la vez) podemos estar días, y no todos los días quiero darle medicamento. Así que se lo doy cuando ella lo pide expresamente y también cuando creo que es conveniente para ella: si ha pasado mala noche, se levanta mal y no tiene pinta de mejorar, toma el antiinflamtorio para que al menos disfrute de los juegos de la guardería. Sin embargo, si solamente tiene dolor a rachas (no es constante ni viene de días atrás), va a la guardería sin calmantes y es capaz de pasárselo pipa. Ahora bien, si el dolor prosigue por la tarde, conmigo demuestra su malestar.

Si le he dado ibuprofeno por la mañana y por la tarde sigue mal, la distraigo con todas las triquiñuelas de madre para aguantar hasta la noche. Si antes de dormir no se le ha pasado el dolor, no le doy ibuprofeno si es capaz de conciliar el sueño. Si a continuación se despierta gritando cada hora, después de tres veces (sobre las doce de la medianoche o la una de la madrugada), vuelvo a darle antiinflamatorio. Estos días son excepcionales, pero cada mes tenemos uno o dos.

No sé si esta (larga) lista servirá a alguna madre para hacerse una idea de qué significa el dolor de dentición. Cuando Emma tenía seis meses y le salieron las palas, busqué información pero hallé respuestas un tanto vagas. Ahora puedo explicar que cuando Emma era más pequeña, sobre todo entres los seis y los diez meses, ella identificaba peor el dolor. No sabía qué le pasaba y lloraba y no dejaba que otros la cogieran. Ahora lo controla mejor y lo expresa adecuadamente. Es decir, no todos los días de dolor son iguales, sino que modula sus quejas. Dicen que los bebés se acostumbran al dolor de dientes o que incluso con el paso del tiempo les duelen menos. Yo no lo creo. Pienso que las muelas son las piezas más grandes y las que más dolor producen (me acuerdo de cuando me salieron las del juicio y buf…) pero, claro, los bebés de más de un años no se pasan los días enteros llorando. Así que se aguantan y sólo piden atención y ayuda cuando están desesperados. Pensad que a Emma le duele la boca como mínimo la mitad de sus días de vida (¡desde los seis meses!). A veces, cuando sale un nuevo diente y ella recupera la alegría, me sobresalto de ver a nuestra niña tan feliz y pienso: “Vaya, ya no me acordaba de cómo era Emma sin dolor”. Es más, estoy convencida de que cuando tenga todos los dientes, Emma va a tener mayor calidad de vida, no se despertará tanto por la noche y podremos abordar la operación.

En la imagen, Emma dolorida con once meses. Con esta sesión de fotos me di cuenta de que era imposible arrancarle una sonrisa.

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