potaje_de_alubias

De cómo no volverse loca

Lo de ser madre conlleva varias puñetas de las que no eres consciente en el irresponsable momento de decidir que quieres quedarte embarazada. Yep, así es la vida. Una de esas puñetas, para mi la peor, es la de cuidar al niño enfermo. Toooda tu vida se para. Stop. No puedes hacer nada: ni cocinar, ni comer ni casi, casi ir a hacer pis. Tener a un renacuajo con fiebre que sólo quiere dormitar encima de ti o a tu lado pero cogiéndote la mano, realmente imposibilita. ¿Tus únicos aliados? La tele, un libro, una revista y el móvil, para leer blogs, controlar el email y googlear desde el teléfono, y la paciencia. La santa paciencia. La primera vez que Emma cayó realmente enferma sobreviví a trancas y barrancas. Ella tenía un año y tres meses y pilló la varicela en la guardería. En mis inmensas ganas de recuperar la normalidad, hice caso omiso de la pediatra y al primer día sin fiebre (después de una semana entera) la llevé a la guardería. ¡Y toma premio gordo! La niña pilló otro virus no identificado, al que luego le siguió una gastroenteritis. Todavía recuerdo aquél mes como el Junio Negro. Ahora que soy un año más mayor y mucho más sabia, he decidido que la niña no pisa la escuela hasta que esté bastante recuperada. Es decir, aunque los pediatras recomiendan esperar 24 horas sin fiebre para volver a llevar al niño a la guardería o escuela, yo le he añadido otro día más de propina. Por si acaso. Y aún así, no las tengo todas conmigo. Hace dos días que Emma no tiene fiebre, juega y come, pero está débil. Entre la enfermedad y el antibiótico, los niños se quedan hechos unos piltrafillas. Así que crucemos los dedos. ¡Virus, no! Espero al menos que la niña me haga caso y que se lave las manos después de cada pis y cada caca que haga en la escuela (la medida de prevención más eficaz para hacer frente a virus y bactéreas). Recapitulando, he aquí los tres consejos del día para sobrevivir al niño enfermo:

  • No caer en la tentación de llevar al niño demasiado pronto a la escuela. Están débiles y recaen con facilidad.
  • Inculcarles la importancia de lavarse las manos después de ir al baño en la escuela, aunque nadie les vigile y nadie les diga que es necesario.
  • ¡Pacieeeencia! Esto es lo más duro, pero cuando nuestros niños están mal, es cuando más nos necesitan. Así que debemos hacer de tripas corazón, poner en pausa nuestras prioridades, atenderles amorosamente y, si puedes, evidentemente, pedir ayuda a familiares. ¿Os cuento un secreto? El sábado me fui a comer con unos amigos  para sobrevivir a Emma. Ella estaba con fiebre, su padre también y yo llevaba cuatro días encerrada en casa cuidándola (léase: aburrida, desesperada y nerviosa por no poder hacer nada). Así que les dije, “creo que no me necesitáis, os podéis cuidar mútuamente”. Les dejé tumbados en el sofá, con la nevera llena y la comida hecha y cuando regresé, cuatro horas después, me los encontré en la misma posición. Ese kit-kat me vino de maravilla. Me despejé y volví a la carga con más fuerza.

Decidme, chicas, ¿cómo os organizáis vosotras? Si trabajáis fuera de casa, ¿a quién movilizáis para sobrevivir a una semana de fiebre? ¡Qué duro debe ser! ¿Me contáis vuestros trucos?

En la imagen, un potaje de alubias blancas  (ahora es temporada), perfecto para recuperarse y coger fuerzas, del blog Vale Design, vía Pinterest. De su autora, una diseñadora gráfica, he encontrado valiosos consejos para autónomos, por ejemplo éste: cómo calcular el precio de tu hora trabajada.

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