Crianza

Cuando tienes un bebé, enseguida te das cuenta de que es imposible hacer planes y quedar a una hora concreta. No obstante, a veces te resistes. El domingo le di el pecho a Emma y, aunque sabía que todavía le quedaba por mamar un poquito (va por partes, es muy comodona), me negué a mi misma la evidencia y salté corriendo a la calle dispuesta a comprar el pan, la prensa y alquilar una película. En la panadería, Emma ya estaba llorando a moco tendido, así que me tuve que sentar en una terraza para acabar de darle de mamar antes de comprar la prensa y alquilar la película. En Semana Santa, Alba, una amiga de la infancia que tuvo mellizos hace quince meses, me explicó que le costó un año asumir sus limitaciones. Temporales, se entiende. Y es que su ritmo se convierte en tu ritmo. No hay más, aunque a veces intentemos luchar contra ello.

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