Crianza

Recientemente, mi padre confesó que sentía remordimientos por no haberse dejado querer más por mi perro de la infancia, Templat. Templat era un Seter Irlandés extra mega hiper cariñoso. Siempre estaba al acecho, esperando la menor señal de tu parte para acercarse y someterte a un diluvio de babas provenientes de sus lametones gigantes, sólo comparables a sus abrazos de oso. Para una niña de cinco años no había felicidad mayor que esconderse bajo su delgado y fibroso torso a merced de sus cariñosas patas, depositadas sobre mis piernas. ¡Ah, Templat! ¡Cómo te quise! Mi padre era estricto con él para rehuir de sus babas e intentar que no se escapara mucho de casa. Pero como mis padres le llamaban, él era una ánima libre cuyo único objetivo en la vida era saltar la valla del jardín. Cuando Emma se estira queriéndose liberar del cinturón de la silla de paseo, siempre me pregunto: ¿La cojo o la dejo llorar? Ella quiere que la coja en brazos y la lleve en la mochila portabebés que tanto le gusta. Desde ahí ve el mundo a mi altura. Se le ponen los ojos como platos y no pierde comba. Además, chupetea el tirante de la mochila (cosa que detesto, ¿por qué no hará lo mismo con el chupete?) y se relaja. La gente de mi alrededor pensaban que iba a ser una madre estricta, pero estaban muy equivocados. Tengo claro que los límites, las pautas y las normas son necesarias en cualquier niño. Pero tengo dudas acerca de su necesidad en un bebé que todavía no ha cumplido los tres meses. Además, ella ya conoce la mochila y siente debilidad por ella. ¿No sería injusto quitársela ahora? Al fin y al cabo, fuimos nosotros quien la introdujimos en su vida. No sé cómo acabará el idiolio de Emma con el carro, pero de momento la llevo pegadita a mi pecho y así la cargo por toda la ciudad, dándole mi cariño y recibiendo el suyo.

En la foto, con Templat y unas amigas de la infancia. Por cierto, mil gracias por los ánimos en estos días tan duros.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...