Arriba, el centro de Berlin. Abajo, pasajeros del metro.Botas de montaña en el metro

Una madre arrastra un trineo con su bebé.

Abajo, nuestro menú navideño en un restaurante tailandés.

Una bici con una sombrilla para protegerse de la nieve…

Mi barriga de siete meses y medio…

Diez razones para amar Berlin

Estas Navidades, el señor X (mi marido, que siente fobia hacia las nuevas tecnologías), nuestra pequeña Emma y yo hemos pasado cinco maravillosos días en la ciudad que vio crecer nuestro amor: Berlin. Adoro esta ciudad y he aquí mis motivos:

1. Por mucha nieve que haya en la calle, la ciudad no se paraliza. Los medios de transporte públicos no interrumpen su servicio, aunque la nieve se cuele hasta dentro del autobús y el metro sea un desfile improvisado de los últimos modelos de botas de montaña. ¿No puedes sacar el coche de entre la nieve tras una noche aparcado en la acera? No hay problema, los transeuntes te ayudarán.
2. Conducir una silla de bebés es harto difícil. Así que los recién nacidos viajan en mochilas y fulares portabebés pegaditos al pecho de mamá y papá. Cuando ya prefieren ver mundo, desde los cuatro meses, los padres los instalan en trineos de madera que arrastran por la aceras. Algunos cuelgan una campanilla del trineo para oírles pasar. ¡Bebé a bordo!
3. Berlin es la ciudad más verde de Europa. ¡¡¡Parques, parques, parques!!! En verano, los berlineses salen al parque a preparar barbacoas, hacer deporte, beber cerveza o quedar con los amigos. Este invierno, los parques se han convertido un remanso de paz y silencio teñidos de blanco. ¿Estoy en una gran ciudad? ¡Increíble!
4. No pierden la memoria histórica. Por las aceras, unas placas de bronce del tamaño de un adoquín recuerdan los nombres de las familias judías exterminadas en el Holocausto. Treptower park recuerda, a su vez, el pasado comunista del Berlin oeste. ¿Increíble ver un tributo así a los soldados rusos caídos en la II Guerra Mundial? Bueno, es Berlin.
5. Los berlineses y cualquier turista pueden visitar la cúpula de su Parlamento (el Reichstag). Se trata de una cúpula de vidreo diseñada por el arquitecto Norman Foster que está justo encima de la sala de debates de los parlamentarios, por lo que, simbólicamente, todos los días los visitantes les recuerdan a los políticos que el pueblo está por encima de ellos, y que ellos están al servicio de los electores.
6. Comer fuera de casa es barato, muy barato. Tanto de día como de noche.
7. La cerveza alemana. Aunque no probé ni gota, ¿eh?
8. La amplitud de las calles aporta una sensación de pequeña ciudad que no he encontrado en ninguna otra gran urbe. Sí, en Berlin viven 3,5 millones de habitantes, pero no lo parece.
9. ¡Museos, museos, museos! Y los más importantes están agrupados en la “isla de los museos”, donde se halla el Neues Museum con su pequeña gran joya: el busto de Nefertiti. Contemplarlo puede resultar apabullante. Belleza pura.
10. ¿Ya he nombrado la cerveza que en esta ocasión no pude probar?
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