Pareja

Esta mañana, he bajado pronto al supermercado a por productos alimenticios para adultos y, al llegar a casa, lo primero que he dicho ha sido: “¡¡¡Hola, cariño!!!”. Afortunadamente, mi cerebro ha reaccionado y enseguida le he añadido una ese al sustantivo, convirtiéndolo en plural. La cosa ha quedado así: “¡¡¡Hola, cariñossss”, remarcando bien, que se note que no me olvidaba de saludar a mi marido, el cual estaba jugando con Emma. Buf, me he salvado por los pelos. Si le preguntáis al santo varón de esta casa, os dirá que no le hago el más mínimo caso. Yo no diría tanto, pero algo de razón sí tiene. Cada día me propongo hacerle más caso. A veces, miro las fotos pre Emma y me quedo embelesada pensando “qué marido más guapo tengo, y qué simpático, y qué maravilloso”. Sin embargo, en vivo y en directo no tengo esos sentimientos tan frecuentemente. Cuando le veo, tiendo a decir cosas como “tira el pañal a la basura”, “tráeme, por favor, una camiseta limpia que la niña ha vomitado”, “¿puedes vigilarla cinco minutos? tengo que ducharme”. Entre tanta tarea, el romanticismo ha quedado postergado. “Muy mal, Gessamí, muy mal”, tiendo a repetirme. Y es verdad, muy mal, porque cuando me entretengo diez segundos para darle un beso, me siento de maravilla. Y él, que es un santo, feliz todo el día con tan corta demostración de amor.

Aprovecho este post, ya que andamos hablando de amor, para contaros mi reciente visita a la matrona. Como muchas parejas saben, la abstinencia sexual es uno de los métodos más populares tres la llegada de un bebé. No obstante, existe otro método casi tan eficaz (99% de fiabilidad) para evitar un nuevo embarazo. Se trata del método MELA (método de la lactancia y la amenorrea). Le dije a mi matrona, a la cual adoro y tengo absoluta confianza en ella, que no quería tomar más píldoras, más hormonas, y que me hablara de métodos anticonceptivos naturales, que ya no somos niñas. Me sugirió que el MELA quizá se ajusta perfectamente a mis necesidades actuales. Para poder utilizarlo, se deben dar las siguientes condiciones: la mujer debe dar el pecho en exclusiva, no tiene que tener la regla, el bebé debe tener menos de seis meses y el intervalo entre toma y toma no debe exceder las seis horas, ni de día ni de noche. En mi caso, cumplo los cuatro requisitos. ¿Pero me fío? Necesitaba más información, necesitaba que la matrona me convenciera. Para ello me explicó que hace años los ginecólogos se fijaron que en países en vías de desarrollo, donde las madres dan el pecho muy frecuentemente y varios años, el intervalo entre un embarazo y el siguiente era más largo que en nuestra sociedad, cuando no se ponen barreras para impedir la fecundación. Entre embarazos, pasaban dos años o dos años y medio. Los ginecólogos hallaron la respuesta en la lactancia a demanda, dado que la frecuente succión del pezón impide que el hipotálamo mande la orden al ovario de producir óvulos. Quedé totalmente convencida. Pero ¿qué pasa a partir de los seis meses? Ahí la matrona ya no se moja y nadie te asegura que no se produzca un embarazo. Quizá entonces vuelva para pedirle la receta de la píldora.

No obstante,  no penséis que ya hemos recuperado las relaciones sexuales con penetración. Que esté interesada en métodos anticonceptivos significa lo que significa: que ya estoy interesada en ello. Las sesiones de fisioterapia de recuperación del suelo pélvico en la Clínica Guimón están dando sus frutos y considero (o anhelo) que en breve podré retomar viejas prácticas sin sentir dolor. Mi marido espera esa fecha con sumo respeto, pero también con bastante impaciencia. Y es que los hombres, hombres son. De todos modos, aunque la lactancia no ha afectado a mi líbido, el cansancio sí que está haciendo mella.

En la foto, mi chico y yo haciendo el bobo con el espejo de un cajero automático el día de nuestro primer aniversario de boda, una semana antes de dar a luz.

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