Segundo mes

Antes de despedirnos de este segundo mes de vida (Emma cumple mañana dos meses, me gustaría compartir con vosotros los cambios más relevantes de esta semana. Tras la vuelta de las vacaciones de Semana Santa, Emma se volvió un poco loca. Cuando el reloj marcaba las ocho de la tarde, puntualmente empezaba a llorar. Al parecer, no quería echarse a soñar; prefería mantenerse despierta y seguir disfrutando de las novedades que ofrece el mundo. Pero claro, su cuerpo estaba muy, muy cansado. De resultas de esa lucha interior, quedaron horas y horas de llanto que no sabíamos cómo resolver. Era increíble. Lloraba en nuestros brazos hasta que, de repente, de un segundo a otro, se quedaba frita. Caía redonda. Incluso se atrevió a ofrecer dicho espectáculo en la tienda de tés cuando le tocaba la siesta de la tarde. ¡Qué verguenza pasé! Afortunadamente, el dependiente no pensó que era una mala madre: “Tranquila, todos lloran”. ¡Cierto! ¿Cómo lo solucionamos? Con una nueva rutina. Ahora cada mañana en la toma de las 9.00  ó 9.30 horas, sacó a Emma de la cama, le cambio el pañal, la visto y me la llevo al salón. Allí le doy el pecho y luego juego con ella un rato. Es su desayuno. Enseguida le entra sueño y se echa la siesta de la mañana, pero ya con algo de luz en la habitación y con los ruidos típicos de una casa. Así que algo tan sencillo como sacarla de la habitación por la mañana nos está salvando las noches que, aunque le cuesta dormirse, ya no las pasa llorando.

Otro de los cambios reseñables de esta semana es la crisis de crecimiento que ha atravesado. Un día estuvo mamando hasta ¡cuatro horas seguidas! A ratos, se entiende. Unos cuantos minutos de leche, algunos minutos de siesta y así sucesivamente. A la mañana siguiente, cuando fui a vestirla comprobé, sin mucha sorpresa, que la cabeza le había crecido. Diréis que estoy chiflada… pero os aseguró que creció. Y las piernas le engordaron.  ¡A la foto me remito!

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