Semana 37

¡Yuhu! Una semana más, una semana menos. Hoy empiezo la 38. Pero ¿qué me ha deparado la 37? Ahí voy. Han sido unos días marcados por el buen humor y la tranquilidad. En la calle, la gente me preguntaba qué tal estaba y daban por supuesto que ya tendría ganas de conocer a Emma. Cortesmente, les respondía que muy bien y que sí, por supuesto. Pero secretamente pensaba que tampoco hacía falta correr tanto. Que ya saldría, que de momento es sólo mía y que me apenará enormemente perder ese vínculo tan estrecho que ahora compartimos. Pero un giro inesparado de última hora -las hormonas mandan- me ha devuelto a la realidad. El domingo empecé con dolor de cabeza, luego me cambió el humor y finalmente llegó el insomnio. ¿Qué siento ahora? Otra vez quiero que la pequeña salga pronto. Prefiero acunarla a las cuatro de la madrugada a no poder dar vueltas en la cama por tan tremenda barriga. La matrona dice que tampoco tengo tanta, pero a mi me parece una montaña… Ayer tuve visita con ella y he aquí las novedades: llevo ganados 13,8 kilos (me da un margen de hasta los 15, ¡uf!), la presión bien, el corazón de Emma bien, la analítica de orina bien… pero el análisis de estreptococos ha dado positivo. Si he de ser sincera, en ese momento ni me inmuté. Algo tenía que salir “mal”, ¿no? Alrededor del 25% de la población es portadora de estas bacterias que se alojan en el tracto rectal y/o vaginal. Durante el parto vaginal, la madre puede infectar al bebé con estos gérmenes y él puede desarrollar enfermedades graves (sepsis, neumonía, meningitis). Lo sé porque acabo de buscarlo en internet y no debería haberlo hecho, porque ahora sí estoy preocupada. ¿Cómo evitar la infección? Durante la dilatación me administrarán antibióticos (penicilina) para evitar la transmisión y, en el hipotético caso de que no llegáramos a tiempo al hospital, le administrían el medicamento al bebé una vez ya nacido.

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