Preparación al parto

En casa. ¡Qué bien! Y con las pilas cargadas después de asistir a la clase de preparación al parto. Hoy hemos tratado el tema estrella: el parto. La matrona nos ha planteado una sencilla pregunta con la que ha sabido calmarnos y desmontar tópicos: ¿Qué miedos tenemos acerca del parto? He aquí mis reflexiones más íntimas acerca de este momento:

Desde el principio del embarazo repito como un mantra la siguiente frase: hay más de 6.000 millones de personas en el mundo y todas hemos salido del mismo sitio, luego no debe ser tan complicado dar a luz. Mi cuerpo está genéticamente programado para ello, por mucho que me asuste el tamaño de la cabeza de mi marido (y que se lo pueda dejar en herencia a nuestra pequeña). Afortunadamente, vivo en una ciudad que cuenta con un magnífico hospital público donde siempre hay a disposición de las parturientas equipos médicos formados para atender cualquier complicación. Además, si no aguanto el dolor, me pondrán la epidural. ¿Qué más se puede pedir? Objetivamente, nada. Entonces, ¿qué me asusta? Paralizarme, bloquearme. Primero, que cuando estemos en casa dilatando, mi marido me agobie o me estrese con tonterías y yo le acabe dando una mala contestación y me bloquee. Él es muy tranquilo y paciente, pero no me gusta cuando intenta quitar hierro a los problemas diciendo que “todo es normal”. Sí, cierto. El dolor es normal, ¿y? ¿Acaso la normalidad evita el sufrimiento? ¡Nooo! El segundo bloqueo, por el cual siento verdadero pavor, es el que puede producirse una vez llegados al hospital. Si nos toca una matrona gritona, estresada o de la vieja usanza (de aquellas que todavía piensan que deben suministrarnos a todas oxitocina por vena y sin preguntar). Con una matrona así, me puedo poner histérica. Porque a un marido puedes decirle tranquilamente “vete a tomar un café a la cocina y no me agobies con tus chorrradas”. ¿Pero qué le puedes decir a una desconocida que te va a asitir durante el parto? Poca cosa. Por eso ya le he dicho al padre de la criatura que si nos topamos con alguien así, intente mediar entre nosotras e invitarla a dejarme en paz o respetarme lo máximo posible, a pesar de su valiosísima experiencia trayendo bebés a este mundo.

Y todavía tengo un miedo más: al parto inducido. La oxitocina me da pavor. Las mujeres que se han encontrado en esa situación aseguran que nada tiene que ver un parto hormonado (con contracciones muchísimo más dolorosas que las naturales) a un parto sin medicamentos. Por eso espero poder pasar gran parte de los trabajos de parto en casa, dilatando tranquilamente en el ambiente que conozco. ¿Será posible?

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