Noveno mes

En la última revisión con la matrona, el fundus (la altura del útero) alcanzaba los 38 centímetros, por lo que todavía puede crecer dos más. ¡Ay, qué tortura! El tamaño del útero es tan grande que ya me aplasta el diafragma (y juraría que también la parte baja de los pulmones). Más que una sensación, es un hecho: me cuesta llenarme de aire, me cuesta incluso respirar estando tumbada. Qué decir cuando Emma mueve sus pies. Entonces me quedo literalmente sin respiración. Desde ayer, esta situación se ha vuelto la más molesta de todas. Más que los sudores nocturnos, que los desvelos por la noche, que el dolor de espalda, que los nervios y la acidez de estómago. Así que hoy, cuando Emma estaba despierta, ha recibido todas mis atenciones: le he leído la prensa, le he cantado, la he acariciado. ¡Todo para que no se moviera! Y ha funcionado: durante unos minutos se ha quedado relajada y yo he aprovechado para coger aire 😉

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