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Tiempo de exposición necesario para la adquisición

¡Volvemos a la carga! Un concepto imprescindible para entender el bilingüismo y el multilingüismo es el de lengua materna. En la memoria sobre la adquisición de tres idiomas (castellano, euskera y alemán) en edades tempranas que presenté como trabajo final del máster llegué a las siguientes conclusiones:

“Cuando preguntamos a un bilingüe cuál es su lengua materna, quizá balbucee antes de dar una respuesta. Muchos pensarán si le están preguntado sobre la lengua que habla su madre o si, realmente, quieren saber cuáles son los idiomas que aprendió en la infancia. Según el discurso de la lingüista Abdelilah-Bauer, desde la óptica monolingüe es difícil asumir que un individuo tiene dos o más lenguas maternas. Es decir, que pueda haber más de una lengua materna. Pero es así, porque así lo sienten las personas con un bilingüismo precoz, sobre todo en el caso de los bilingüismos en los que todas las competencias han podido desarrollarse eficazmente en cada una de ellas. Como resume esta autora:

Hay que rendirse a la evidencia de que un bilingüe (o trilingüe) precoz no puede desvincularse de sus primeras lenguas. Mantiene un lazo afectivo de igual fuerza con estas lenguas que ha oído y hablado desde su infancia, hasta tal punto de que, para algunos, el bilingüismo (o trilingüismo) es su lengua materna.
 

Sobre el camino hacia el multilingüismo, resulta útil recordar las etapas de la adquisición de un idioma nuevo en la infancia temprana, según Abdelilah-Bauer éstas son:

1. El niño descubre que las otras personas utilizan un idioma diferente del que se habla en casa. Primero intenta comunicarse en su lengua y cuando se da cuenta que no funciona, el niño entra en una etapa muda.

2. Etapa muda. El niño usa la mímica y los gestos para resolver sus necesidades. Durante esta fase, el niño descubre y se impregna de la nueva lengua. Aunque parece pasivo, es muy activo, ya que está asimilando la fonética y las fórmulas del nuevo código.

3. Etapa del lenguaje telegráfico. El niño se expresa como se expresaba al inicio de la adquisición de su primera lengua: repitiendo fórmulas completas que capta de su entorno.

4. Etapa de producción de frases correctas. El niño emite por si solo enunciados correctos.

En el caso de Emma, ella escucha el euskera desde los diez meses, cuando empezó en la guardería. Este curso, ya en la escuela con tres años y medio, se encuentra en plena transición de etapa de lenguaje telegráfico a etapa de pruducción de frases correctas, mientras que los dos cursos pasados sólo producía repeticiones.

En el caso del alemán, recientemente ha entrado en la etapa del lenguaje telegráfico, saliendo por fin de la etapa muda. Quizá os asombre saber que el alemán es la “lengua débil” en nuestra casa, pero debéis saber que yo no lo hablo y que Emma está mucho más expuesta al euskera que al alemán, ya que el tiempo que pasa en la escuela es muy superior al que pasa a solas con su padre. Por tanto, este es el idioma que más debemos cuidar.

Por cierto, aquí va un dato clave: ¿Cuánto tiempo de exposición de un idioma a la semana es necesario para que un niño adquiera un idioma? Entre ocho y diez horas semanalas, lo cuantifica Abdelilah-Bauer y, en el caso de los bebés, aconseja que esas horas transcurran entre actividades rutinarias del cuidado del bebé: cambio de pañal, alimentación, ponerlo a dormir, etc. ¿Por qué? Porque así el bebé, gracias a las repeticiones diarias, anticipa la intención que encierra el lenguaje y le resulta más fácil entenderlo (porque lo prevé). Y porque el vocabulario suele ser el mismo.

Por último, si vuestros hijos ya se encuentran en plena fase de producción multilingüe, no os preocupéis por las mezclas de idiomas y transferencias. La lingüista Wang resuelve este asunto con elegancia: “Uno no puede mezclar lenguas sin conocer cómo mezclarlas”. La autora nos invita a entender las mezclas como algo positivo, como una señal de que el niño empieza a dominar los distintos códigos lingüísticos, y también como algo en lo que los padres debemos intervenir para corregirlo y ayudar al niño a adquirir correctamente cada uno de los sistemas.

Y una posdata: aunque existe la teoría del periodo crítico, en la que se afirma que alrededor de los seis años se deja de adquirir una lengua como primera lengua y, por tanto, que puede ser adquirida con las competencias de un nativo, me muestro reacia a asumir esa teoría tal y como está planteada actualmente. Todavía quedan muchas cosas por descubrir sobre el cerebro humano y, además, creo en la plasticidad y flexibilidad de nuestro cerebro, además de considerar que la actitud hacia lo que estamos aprendiendo puede resultar más relevante que nuestras capacidades o biología. Sí, reconozco que hasta los seis años todo “entra” con más facilidad en nuestro cerebro, pero cuidado, porque el cerebro no se acaba de formar hasta pasada la adolescencia y, aun terminada su cocción, tiene unas posibilidades inmensas.

Pero creo que lo que os preocupa a muchas de vosotras es el aprendizaje (aprendizaje, no adquisición) de las segundas lenguas o lenguas extranjeras. Como por ejemplo, saber cuándo es el momento oportuno de introducir el inglés y cómo introducirlo. Ese será el último post sobre el multilingüismo. ¡Feliz miércoles!

En la imagen, Emma subida a una escultura de un parque de Durango. Para llegar a lo alto tuvo que esforzarse y escalar con cuidado (ejem, es una ruda metáfora sobre el multilingüismo 😉 ).

 

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