Posparto

El día antes de dar a luz pesaba 78,5 quilos. En mi vida imaginé que podría llegar a pesar tanto. Con el embarazo engordé diecisiete quilos; los últimos tres o cuatro los gané las últimas tres semanas. No comía más de lo habitual, pero apenas me movía y creo que retuve todos los líquidos que entraron en mi cuerpo. Antes de parir, me miraba los pies y alucinaba. No podía ver ni los huesos ni los ligamientos. Nada de nada. En la sala de dilatación, me miraba las piernas y flipaba. ¡Eran como columnas! Hasta la nariz se me ensanchó. He de reconocer que estaba preocupada por esos quilos de más cuya cifra exacta sólo le confesé a mi marido. Él me dijo que no me preocupara, que por mi constitución y metabolismo estaba seguro de que los perdería enseguida. No sé si lo pensaba de verdad o sólo lo decía para animarme, pero así está siendo. A los siete días después del parto había perdido once quilos. A los diez días, doce. A los veinte días, vamos por el décimo tercero. Y os aseguro que como muchísimo. Exactamente, todo lo que puedo. Porque cuando tengo algo de tiempo lo dedico a dormir y comer, o comer y dormir, depende de lo necesitada que esté en ese momento. Y pena me da que por las noches no me dé tiempo a asaltar la nevera, que si no…  Así que cada día estoy más cerca de los 61,5 con los que empecé el embarazo. ¡A sólo cuatro (o cinco) quilos! Depende del momento… Aún así, a pesar de que ya me he abrochado mis Levis pre mamá, está claro que todavía estoy una talla por encima de la mía (digamos que ahora soy una 42, la mía es una 40). También está claro que no me mueva y ejercite los músculos. Porque una cosa es desprenderse de los quilos y otra, recuperar las formas. En pocas semanas estrenaré mis nuevos DVD de yoga posnatal para despedirme, poco a poco pero con paso firme, de esa barriguita blanda que nos caracteriza a las mamás recientes.

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