Balance: maternidad

Después de un día devastador, con pocas horas de sueño y sin ayuda para coger a Emma y jugar con ella (mi marido sigue fatal con su hernia), me vino a la cabeza la siguiente reflexión: tener un hijo es maravilloso, quizá lo más maravilloso que puedas vivir. Sin embargo, ser madre es bastante duro. Cuando miro a Emma, parezco la mujer más feliz de la ciudad. Le río, le canto, la acaricio, la beso, la alimento y juego con ella. Pero una vez dormida, cuando ya no está en mis brazos, el semblante me cambia completamente y el cansancio y el mal humor se apoderan de mi rostro. Cuando hablo con adultos, necesito un tiempo de readaptación. Primero me desquito contando mis penas (algo no muy agradable) y luego explico los logros y avances de la pequeña (me encanta fardar de ella, jeje). Luego, ya puedo interactuar como una adulta con otro adulto. Hace un par de meses, incluso me di cuenta de que cuando hablaba con mi marido, hablaba cantando, porque es así como me dirijo a Emma. Ella me absorbe. Pero lo dicho, es mi cielo y mi sol.

En la foto, Emma, que con sus preciosos ojos me enamora cada día un poquito más.

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