Crianza

Tal y como me aseguraron la pediatra y la matrona durante la revisión del primer mes, la lactancia materna cambia a los dos meses. En la consulta me vieron apurada, llena de agobios de madre primeriza, ya que entonces le daba el pecho una hora seguida cada tres horas. Es decir, Emma pasaba ocho horas diarias pegada a la teta.  Pero como un reloj, a los dos meses la producción de leche se reguló a la perfección, dejándome la sensación de que ahora produzco más cantidad y que mi cuerpo se adapta rápidamente a las necesidades cambiantes de la pequeña (una noche con tres tomas, a la siguiente con una, mientras que por el día mama a veces quince minutos cada hora, etc.) Aunque el cambio más amable ha tenido lugar en mis pezones. ¡Por fin están curtidos! La pomada Purelan ha pasado a mejor vida. Ya no me salen grietas ni tengo que recurrir a la bolsa de agua caliente para calmar el dolor que producen los conductos obstruidos. Además, la pequeña ya mama con garbo. ¿Tomas de una hora? ¡Sólo la de antes de dormir! Estas últimas cuatro semanas he disfrutado de la lactancia materna a demanda, tanto que incluso me planteo alargarla más allá de los seis meses que tenía en mente y combinarla con la paulatina introducción de los alimentos sólidos. ¿Y vosotras? ¿Ya habéis pensado en el destete?

En la foto, la renacuaja y yo hace un par de días.

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