Emma pronunciando un discurso en la barbacoa de madres y padres primerizos en el merendero de Gorliz

Evolución de un bebé de quince meses

Cuidar de un bebé de un año es todavía mejor que cuidar de un bebé de pocos meses. La ternura infinita que despertaba Emma de recién nacida, cambió en orgulloso asombro al ver cómo crecía rápidamente y mejoraba en todas sus habilidades de forma espectacular. Ahora la sorpresa ha mutado en diversión. ¡Ha llegado el momento de pasarlo pipa! Con quince meses, la niña interactúa muchísimo con nosotros, se expresa con mayor ahínco, descubre el mundo más allá de su entorno y se relaciona con él. Juega con los charcos, con los perros y con la arena de la playa, aunque le sigue dando miedo la hierba alta y los espacios con techos altos en los se siente pequeña. Aprovecha cualquier ocasión para decir que no con la cabeza; mientras yo la tiento para que diga sí: “Emma, ¿de verdad quieres la galleta?”, “¿En serio? ¿Quieres que bajemos a la calle?”, etc. ¡No es fácil arrancarle un sí! Pero es tan gracioso…. Poco a poco Emma se despide de su etapa de bebé siendo más consciente de si misma y de sus propios deseos. La rutina de la guardería y de casa le ayudan a sentirse segura en el día a día y a prever las situaciones. Además, ahora acepta acciones que antes ni siquiera toleraba mínimamente, como todo lo relacionado con el acto de dormir: le dice adiós a sus juguetes antes de ¡dejarse! poner el pijama, entra dentro del saco, le cierro la cremallera sin escándolos, se prepara de buena gana para que la duerma e, incluso, a veces se duerme sola (ella en su colchón, yo a su lado en el mío). También ha averiguado que la nevera almacena comida, aunque todavía no es consciente de que su madre y su padre son quiénes deciden abrirla a su antojo. Sí, tenemos ese poder. Y el día que sepa que también decidimos con qué llenarla se armará un escándalo en el supermercado… Es decir, no nos pide (aún) que abramos la nevera, pero cuando la abrimos pide comida y se enfada agriamente si no recibe un yogur, o una pieza de fruta en su defecto. También sabe dónde guardamos el pan y dónde escondemos las galletas, que estoy segura de que será la primera palabra de tres sílabas que aprenderá. ¡Ah! Y para las más escépticas, para todas aquellas que creían imposible que un bebé de ocho meses dijera hola, ésta es ahora su palabra favorita. De hecho, es la reina de la calle, ya que todos los días dedica un tiempo a relacionarse con los vecinos y saludarles uno a uno. A ellos les hace feliz, a ella le llena de orgullo cuando le devuelven el saludo. Es más, ya está preparada para interactuar con otros niños, aunque sea por poco tiempo, y se esfuerza en saludar a sus compañeros de clase cuando les ve en la calle y en el parque.

En la imagen, Emma pronunciando un discurso en la barbacoa de madres (y padres) primerizas. PD: En el último post había problemas para dejar comentarios. ¡Esperemos que no se repita con este! Gracias por ser comprensivas, un beso a todas y feliz lunes.

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