Revisión pediátrica

No quiero ser de esas madres que fardan de sus hijos a todas horas, pero es que la mía es taaan fantástica… que hasta la pediatra lo reconoce. ¿Qué le voy a hacer? En la revisión del primer mes, su doctora concluyó: “Tenéis una hija perfecta, ¡de diez!”. ¡Oh! Salí de la consulta sacando pecho, como os podréis imaginar. En cuanto a longitud (60 centímetros), se sale de todas las tablas (“esta va para modelo”, vaticinó la pediatra). En cuanto al peso (4.990 gramos), me siento muy orgullosa de mi nutritiva leche. Sobre su salud, es muy flexible, está muy espabilada, me reconoce y entonces se ríe (desde el día 23), tiene pocos gases y, de momento, no sufre de cólicos. Además, su doctora no escribió nada en ese temido apartado de observaciones. Ahora bien, eso no implica que no haya ciertas cosillas que requieren mis atenciones: tiene el conducto lagrimal del ojo derecho obstruido, por lo que le debo limpiar el ojo un par de veces al día con suero fisiológico hasta que ella crezca y el canal se desarrolle (quizá a los seis meses, quizá a los siete). Tiene acné infantil y ahora empieza con los mocos, que todavía no sabe expulsar (más suero). En fin, cosas de los bebés perfectos. Pero, ¿acaso alguno no lo es?

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