Cuatro días con los abuelos

¿Qué tal el puente? Nosotros lo hemos pasado de maravilla. Emma ha sido la reina de la casa durante cuatro días con un público de excepción: sus abuelos. Mis padres han venido a Bilbao a pasar el puente y se han encontrado con una niña que ha madurado mucho en poco más de un mes, tanto física como intelectualmente. Y es que de los doce a los trece meses, Emma ha afianzado sus pasos y ahora se desplaza andando casi siempre. Además, y quizá sea lo que más ha sorprendido a mis padres, se comunica perfectamente sin palabras, señalando, asintiendo y negando con la cabeza. Por ejemplo, la primera tarde que mis padres se quedaron solos en casa con Emma, ella les fue indicando los pasos a seguir de su rutina: “Iaia, toma el carrito de juguete, que me tienes que subir y empujar por toda la casa. ¡Y no te olvides de coger velocidad! Que es cómo me gusta a mi”, “Ponme la chaqueta, por favor, que me apetece salir a la calle”, “Parad aquí, que así vamos a los columpios”, “Ya estoy cansada y tengo sueño, ¿me subís a la silla de paseo? A ver si echo una siesta… O mejor, ¿volvemos a casa?”. Alucinados se quedaron. Realmente, es maravilloso saber qué quiere Emma en cada momento, ya que a todos nos facilita su cuidado. Ahora bien, también sabe perfectamente lo que no quiere y lo demuestra con más profusión. Pasar por delante de los columpios y no parar significa contemplar una rabieta de lagrimones gordos. Mi padre me ha sugerido que debo disciplinarla más. Es decir, negarle sus deseos más a menudo. Yo le respondo que para qué. Sólo lucho por las batallas que debo ganar. Es decir, le niego las cosas que realmente no puede o no debe hacer. Por tanto, si la niña quiere ir a la plaza en vez de al parque, ¿para qué discutir? Me da igual un sitio que otro. En lo que la niña no ha cambiado en nada, es en mamar. Emma sigue tomando el pecho. Es la única leche que admite, aunque como podéis ver en la foto, no le importa combinarla con un riquísimo zumo natural de naranja, mango y manzana. En la calle lo tomó con pajita, en casa los bebe ella sola en vaso de vidrio (como los nuestros). Y de momento, no ha roto ninguno.

En las imágenes, Emma y su abuelo y yo con la niña al pecho y mi madre. Por cierto, cada vez me das más apuro darle de mamar en público. ¡Es tan grande! Y tan mayor… ¿Qué sentís cuándo veis esa foto? ¿Os gusta o os parece raro? Yo sigo con sentimientos encontrados. Como muchas sabéis, no quería alargar tanto la lactancia, pero hemos anulado la operación destete hasta que llegue el momento adecuado.

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