Maternidad

Durante el embarazo, no probé ni gota de alcohol. Como me dijo un compañero de curso de edición de vídeo, “estos nueve meses son los únicos en los que podrás controlar que tu bebé no beba nada de nada”. Cuánta razón tenía Goizeder, mi compañero de clase. Y es que el día menos pensado me encuentro a Emma amorrada a una cerveza. ¡Me faltan manos para controlarla! Confío en mi capacidad como madre y espero evitar accidentes domésticos relacionados con el alcohol, pero esta niña es medio alemana y se le van los ojos a los botellines de birra. Qué le vamos a hacer. Por mi parte, como decían las abuelas alemanas de antaño, la cerveza da más leche. Sí, vaya tontería, pero ahora me bebo unas claras que dan gusto. Cuatro dedos de gaseosa, dos de zumo de cebada. El alcohol pasa a la sangre enseguida (y de ahí al feto), pero a la leche materna apenas llega y, por eso, ahora me permito este placer de verano que me remonta a mis tiempos pre Emma. ¡Vivan las claras, vivan las papas!

En la foto, brindando con mi maridín. Él con una Carlsberg, yo con una Shandy (un preparado de cerveza con refresco de limón).

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