La semana de los posts pendientes

Estos días voy a bombardearos deleitaros con todos los posts pendientes que tengo en mi cabeza y también en el escritorio. De hecho, son tantos que probablemente necesitaré algo más de una semana… Empecemos por este tan sencillo pero que ahora me parece un truco utilísimo: si tenéis un bebé, una sabia inversión es comprar un espejo y colgarlo a su altura. Desde que empezó a gatear, cuando Emma veía un espejo a su altura se lanzaba para inspeccionarse y darse lametones (todavía no sabía dar besos). No he visto bebé que no adore contemplarse: “¿Ese soy yo? Mhhh… No sé. ¡Uy! Sí, parece que sí. ¡Pero qué cara tan chula tengo!”. Y es que el reflejo que nos devuelve un espejo es una manera fantástica para empezar a ser conscientes de que, efectivamente, tenemos cara y que los brazos no salen de la nada. Se ven en conjunto y disfrutan con la imagen. Nosotros no tenemos ninguno y simplemente acercábamos a Emma a nuestro espejo, pero no es lo mismo ya que involuntariamente controlamos los movimientos y el tiempo que dedicaba a ese gran descubrimiento. Ahora bien, en la guardería tienen uno gigante donde Emma y sus amigos se observan todo el tiempo que quieren. Si ahora volviera a empezar, compraría menos juguetes (ni un solo peluche) y menos libros (¡tiene demasiados!) e invertiría en un espejo. Qué opináis vosotras, ¿estáis de acuerdo? ¿Habías pensado en ello? Yo no caí en la cuenta hasta la semana pasada. Ains.

Una necesidad, un espejo

En la imágenes, el espejo irrompible Barnslig de Ikea.

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