vacaciones

Abuelos y playa

Han sido tres años de intenso vínculo maternal, de día y de noche, de un bebé de alta demanda y de una crianza con mucho apego. Pero esos tres años han pasado y ahora recogemos los frutos:

– Emma, hoy me quedo a dormir contigo y los iaios.

Tú no cabes.

– Sí quepo.

No, esta cama es para mi y esta es para la iaia. Tú no cabes. ¿Te llevas las canicas a casa?

– Sí, mañana.

– No, ahora. Tú no cabes.

A pesar de dejarme el corazón partido, me alegré de ver a mi niña de tres años y cuatro meses convertida en una niña segura de sí misma que ahora parece sentir más que un vínculo maternal, ¡un yugo maternal! Mhhh… Me parece que Emma es una niña muy espabilada que cree que cuando voy al apartamento vacacional que durante una semana han alquilado mis padres a dos pasos de una playa vizcaína, mi presencia puede interferir en sus libertades y privilegios adquiridos ipso facto con los abuelos: cada día bizcocho o magdalenas para desayunar, playa y parque de mañana, helado antes de comer, comer pescado o espaguetis y luego no hacer siesta, jugar desnuda en casa y bajar en bañador a la playa, donde pasan toda la tarde. ¡Un verano para recordar! ¿Acaso eso no es la felicidad? Y claro, ella intentó echarme. El martes no lo consiguió, el miércoles no aparecí  por el lugar y hoy jueves iré al apartamento cuando termine de trabajar a sondear que todo va bien y, si por casualidad, mi hija quiere abrazarme (porque yo sí quiero abrazarla, ¡la echo tanto de menos!).  Queridas madres sufridoras de bebés de alta demanda, hay futuro. Y el futuro se llama abuelos y playa. Maridín y yo ya estamos barajando hacer una escapada de varios días solos el próximo verano.

En la imagen, capturada por mi madre, Emma y mi padre en la playa.

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