Semana 22

En un acto de generosidad, he absuelto a Jens de la tediosa tarea de ir a comprar a Ikea. El problema es que para acudir al centro comercial he tenido que desplazarme en transporte público. ¡Ay, el transporte público!

La elección parecía fácil: autobús (más lento pero con parada cerca de Ikea) o metro (más rápido pero lejos de la tienda). Como tenía tiempo de sobra, cogí el autobús, que llegó con tres minutos de retraso debido a los típicos atascos de viernes. El conductor parecía dispuesto a recuperar esos 180 segundos a base de largos acelerones y frenazos cortos. Cuando llegamos a Barakaldo, en el primer badén que nos topamos a la salida de la autopista, Emma se despertó de repente y empezó a revolverse con más fuerza que nunca dentro de mi vientre. Después de cuatro badenes más, estaba tan enfadada (y tan harta de las patadas) que pensé en levantarme e ir a hablar con el conductor. Aunque para ser sincera, tenía miedo de caerme por el camino…

Fue entonces cuando, dos paradas antes de llegar al paraíso de las embarazadas y en medio de mi dilema, subió una señora en silla de ruedas acompañada de otra mujer más joven. A partir de entonces, el huraño conductor fue todo delicadeza con los pedales y cogió los badenes con dulzura. La niña que llevo dentro se relajó un poco, pero la futura madre en la que voy a convertirme se bajó ligeramente cabreada…

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...