La caja de la naturaleza

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Pequeñas soluciones

A Emma le encanta recoger piedras, hojas y bellotas. De vez en cuando, también se lleva a casa alguna rama y, en verano, conchas del mar. Al principio, las guardaba en sus bolsillos, en los míos, en su mochila, en mi bolso y las dejaba en cualquier lugar de la casa (la mesa, la encimera, su habitación, el salón). Una cosa estaba clara: a ella le encanta recoger, así que no iba a frenarla. Pero aquello era un desbarajuste… A primeros de mes fui a hacer compras en un supermercado Eroski y vi que vendían una preciosa caja metálica con motivos navideños que contenía un sabroso panteone. Lo compré y le dije a Emma: “Cuando nos terminemos el panteone, esta será tu caja de la naturaleza“. ¡Problema resuelto!

En la imagen, su caja de la naturaleza donde guarda las piedras, hojas, bellotas y ramas con las que prepara en casa ricas comiditas para sus bebés.

Límites y normas en casa

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Quedadas multitudinarias

¡Hola! ¿Qué tal el fin de semana? El domingo tuvimos visita y mientras veía de reojo a ocho niños jugar en el pequeño salón de casa me pregunté: ¿Soy permisiva o restrictiva? ¿Qué tipo de límites le pongo a Emma? De una parte, diría que soy permisiva para unos y restrictiva para otros porque esos adjetivos dependen de los ojos que te miran, ¿no? Obviamente, pienso que soy justa, de lo contrario, no se sostendrían mis requerimientos a la fiera. ¿Pero qué límites son? Algunos son heredados de mis padres: se come en la cocina, no se puede comer en el sofá ni en el salón, con los interruptores no se juega, no se tocan las paredes con las manos sucias, nos secamos las manos después de lavarlas, etcétera, etcétera, etcétera. En realidad, todo eso se resume en un mantra: todos debemos respetar la casa del mismo modo y tratarla con cuidado para no ensuciarla ni romperla. Es la ley del mínimo esfuerzo (si no se ensucia, no hay que limpiar; si no se rompe, no hay que arreglar). Sin embargo, esto no se sostiene con ocho fieras en casa, por lo que es necesaria la colaboración de todas las familias para, al menos, no romper cosas ni que nuestros Picassos den rienda suelta a su creatividad en sofás ajenos. Puedo imaginar a Emma en casa de otra familia haciendo algo que en casa no puede hacer. ¿Acaso no está en la naturaleza de los niños transgredir las normas que tienen en sus propias casas? Así que hoy les he planteado a las madres consensuar unas normas de comportamiento básicas que todos los niños deberán respetar en todas nuestras casas. Como decía, yo lo veo justo… ;) ¡Feliz lunes!

En la imagen, un precioso salón, vía Apartement Therapy, de Darren Elms y Preston Ames.

Lenguas maternas

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Tiempo de exposición necesario para la adquisición

¡Volvemos a la carga! Un concepto imprescindible para entender el bilingüismo y el multilingüismo es el de lengua materna. En la memoria sobre la adquisición de tres idiomas (castellano, euskera y alemán) en edades tempranas que presenté como trabajo final del máster llegué a las siguientes conclusiones:

“Cuando preguntamos a un bilingüe cuál es su lengua materna, quizá balbucee antes de dar una respuesta. Muchos pensarán si le están preguntado sobre la lengua que habla su madre o si, realmente, quieren saber cuáles son los idiomas que aprendió en la infancia. Según el discurso de la lingüista Abdelilah-Bauer, desde la óptica monolingüe es difícil asumir que un individuo tiene dos o más lenguas maternas. Es decir, que pueda haber más de una lengua materna. Pero es así, porque así lo sienten las personas con un bilingüismo precoz, sobre todo en el caso de los bilingüismos en los que todas las competencias han podido desarrollarse eficazmente en cada una de ellas. Como resume esta autora:

Hay que rendirse a la evidencia de que un bilingüe (o trilingüe) precoz no puede desvincularse de sus primeras lenguas. Mantiene un lazo afectivo de igual fuerza con estas lenguas que ha oído y hablado desde su infancia, hasta tal punto de que, para algunos, el bilingüismo (o trilingüismo) es su lengua materna.
 

Sobre el camino hacia el multilingüismo, resulta útil recordar las etapas de la adquisición de un idioma nuevo en la infancia temprana, según Abdelilah-Bauer éstas son:

1. El niño descubre que las otras personas utilizan un idioma diferente del que se habla en casa. Primero intenta comunicarse en su lengua y cuando se da cuenta que no funciona, el niño entra en una etapa muda.

2. Etapa muda. El niño usa la mímica y los gestos para resolver sus necesidades. Durante esta fase, el niño descubre y se impregna de la nueva lengua. Aunque parece pasivo, es muy activo, ya que está asimilando la fonética y las fórmulas del nuevo código.

3. Etapa del lenguaje telegráfico. El niño se expresa como se expresaba al inicio de la adquisición de su primera lengua: repitiendo fórmulas completas que capta de su entorno.

4. Etapa de producción de frases correctas. El niño emite por si solo enunciados correctos.

En el caso de Emma, ella escucha el euskera desde los diez meses, cuando empezó en la guardería. Este curso, ya en la escuela con tres años y medio, se encuentra en plena transición de etapa de lenguaje telegráfico a etapa de pruducción de frases correctas, mientras que los dos cursos pasados sólo producía repeticiones.

En el caso del alemán, recientemente ha entrado en la etapa del lenguaje telegráfico, saliendo por fin de la etapa muda. Quizá os asombre saber que el alemán es la “lengua débil” en nuestra casa, pero debéis saber que yo no lo hablo y que Emma está mucho más expuesta al euskera que al alemán, ya que el tiempo que pasa en la escuela es muy superior al que pasa a solas con su padre. Por tanto, este es el idioma que más debemos cuidar.

Por cierto, aquí va un dato clave: ¿Cuánto tiempo de exposición de un idioma a la semana es necesario para que un niño adquiera un idioma? Entre ocho y diez horas semanalas, lo cuantifica Abdelilah-Bauer y, en el caso de los bebés, aconseja que esas horas transcurran entre actividades rutinarias del cuidado del bebé: cambio de pañal, alimentación, ponerlo a dormir, etc. ¿Por qué? Porque así el bebé, gracias a las repeticiones diarias, anticipa la intención que encierra el lenguaje y le resulta más fácil entenderlo (porque lo prevé). Y porque el vocabulario suele ser el mismo.

Por último, si vuestros hijos ya se encuentran en plena fase de producción multilingüe, no os preocupéis por las mezclas de idiomas y transferencias. La lingüista Wang resuelve este asunto con elegancia: “Uno no puede mezclar lenguas sin conocer cómo mezclarlas”. La autora nos invita a entender las mezclas como algo positivo, como una señal de que el niño empieza a dominar los distintos códigos lingüísticos, y también como algo en lo que los padres debemos intervenir para corregirlo y ayudar al niño a adquirir correctamente cada uno de los sistemas.

Y una posdata: aunque existe la teoría del periodo crítico, en la que se afirma que alrededor de los seis años se deja de adquirir una lengua como primera lengua y, por tanto, que puede ser adquirida con las competencias de un nativo, me muestro reacia a asumir esa teoría tal y como está planteada actualmente. Todavía quedan muchas cosas por descubrir sobre el cerebro humano y, además, creo en la plasticidad y flexibilidad de nuestro cerebro, además de considerar que la actitud hacia lo que estamos aprendiendo puede resultar más relevante que nuestras capacidades o biología. Sí, reconozco que hasta los seis años todo “entra” con más facilidad en nuestro cerebro, pero cuidado, porque el cerebro no se acaba de formar hasta pasada la adolescencia y, aun terminada su cocción, tiene unas posibilidades inmensas.

Pero creo que lo que os preocupa a muchas de vosotras es el aprendizaje (aprendizaje, no adquisición) de las segundas lenguas o lenguas extranjeras. Como por ejemplo, saber cuándo es el momento oportuno de introducir el inglés y cómo introducirlo. Ese será el último post sobre el multilingüismo. ¡Feliz miércoles!

En la imagen, Emma subida a una escultura de un parque de Durango. Para llegar a lo alto tuvo que esforzarse y escalar con cuidado (ejem, es una ruda metáfora sobre el multilingüismo ;) ).

 

Cuando mamá está en el hospital

cuando mama está en el hospital

Tensión baja

El pasado miércoles me dio un síncope. En Urgencias, era “la chica del síncope”, decían las enfermeras. A las 7.10 horas me levanté de la cama, demasiado rápido, y al de unos segundos me desplomé. Mi frente aterrizó contra el suelo. No lo recuerdo, ¿amnesia por el golpe o pérdida de conciencia? Maridín se llevó un gran susto, por suerte la fiera todavía dormía y no se enteró. Temblé un poco, sin llegar a convulsionar. ¿Pero podría ser epiléptica? ¿O tener un corazón defectuoso? Mientras los médicos se planteaban todo tipo de cuestiones, no hacía más que repetirles: “Que no es nada, que en mi familia materna somos muy de desmayarnos. Tenemos la tensión baja y nos desplomamos con facilidad. Un carajillo cada mañana le recetaron a una de mis tías”. “Seguramente, pero antes de llegar a ese diagnóstico debemos descartar todo lo demás“, respondieron ellos. TODO. Tras dos días y medio en el hospital, me soltaron con el diagnóstico previsible (maridín todavía alucina de lo tranquila que he estado, ¿qué se pensaba que iba a tener?) y ahora ando poco a poco, bebiendo mucha agua, comiendo con mucha sal y levantándome de la cama piano, piano. La cabeza todavía me duele. Tengo la frente amarilla, un cuerno en la sien y el ojo morado. Maridín terminó exhaustó y Emma lo llevó bastante bien, hasta que regresé a casa. Al reincorporarme a la vida doméstica -e irme al supermercado- le dio un chungo al darse cuenta de que no estaba en casa. Maridín me llamó por teléfono, pero la fiera estaba inconsolable. Yo le repetía: “Cariño, que mamá no está en el hospital, estoy en el supermercado comprando la cena”, y ella venga a llorar. Sus peluches se pusieron enfermos, todos tenían la varicela, y ella y su mejor amiga jugaron a los síncopes y aprendieron a ponerse poco a poco de pie. Cosas de niños ;) Gracias a todas por los ánimos y feliz comienzo de semana. ¡Muá!

En la imagen, merendando en el hospital (la chocolatina la añadí yo tras mis paseos por el hospital).

Un síncope

Desde el hospital

Me ha dado un síncope. STOP. Estoy en el hospital. STOP. Mañana me sueltan. STOP. Menudo chichón tengo en la frente. STOP. Pero el médico dice que ser hipotensa es un seguro de vida. STOP. La semana que viene más y mejor. STOP. Besos!

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