Que paséis un dulce fin de semana

magdalenas

 

Juguetes y magdalenas

¿Qué tal se presenta este fin de semana? En el País Vasco pasado por agua, así que ahora Emma está en la piscina con su padre, por la tarde buscaremos actividades en lugares cerrados y mañana ¡tendremos visita! ¡Bien! Os dejo unos links que he encontrado estos días y me han gustado y os deseo un dulce fin de semana. ¡Mua!

Una magnífica casa rural para ir con niños, encontraréis más en Baby Rural.

Mi madre se ha visto obligada a regalarle una tarta de cumpleaños de madera a Emma de Mamuky. ¡Me encanta esta web de compras privadas! Voy a martirizar a mi madre…

Hoy hemos desayunado estas magdalenas con pepitas de chocolate de Mis deseos más dulces. ¡Deliciosas! Ahora bien, salen muchísimas más de doce, cuidado… ;)

En la imagen, las magdalenas que ayer hicimos Emma y yo (le encanta cocinar) y que esta mañana hemos desayunado. ¡Súper recomendables!

 

Juego simbólico durante la cena

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Emma y el elefante

Cuando a Emma le regalaron un elefante de peluche pensé: “¡Buf! ¡Otro peluche más!”. Entonces tenía diez meses y un profundo pánico a los peluches. Algunos la sumían en un intenso y prolongado llanto, por lo que me afanaba en apartarlos de su vista. Pero los miedos y los gustos de los bebés cambian y evolucionan. Y es ahora, con dos años y dos meses, que Emma es una bebé-niña que está empezando a jugar con peluches y muñecas. ¡Le encantan! Estos juegos simbólicos, también llamados juegos de rol, son muy beneficiosos para el desarrollo del niño, ya que fomentan la creatividad y la empatía. ¡Todas las niñas y todos los niños deberían tener un peluche o una muñeca! Porque nuestros hijos pueden reproducir las actividades de su pequeño mundo a través de los muñecos: ponerlos a dormir, darles de comer, ponerles a hacer pis o cambiarles el pañal, bañarles, abrazarles, darles besos, etc. ¡Con lo reacia que fui a comprarle muñecas! No sólo los bebés cambian y evolucionan, ;)

En la imagen, Emma en la mesa a punto de cenar. Anoche por primera vez cogió al elefante, lo sentó a su lado, fue a buscar un plato para él, también un tenedor, y le puso una patata para cenar (que finalmente ella comió). Todo lo hizo a iniciativa propia, nosotros no dijimos ¡ni mú! Y nos pareció todo muy tierno.

Con ellos también

cerveza

Un tema recurrente en las conversaciones entre madres y padres es cómo conseguir disfrutar del tiempo compartido con otras parejas que no tienen hijos. Después de encontrarme con distintas situaciones, resumiría mis experiencias en la siguiente ecuación:

No importa si otros adultos tienen hijos o no, lo que importa es la actitud que tienen hacia los niños y si su carácter es flexible y empático.

Es decir, hay personas que no están acostumbradas a tratar con niños, no conocen sus necesidades (me incluyo en este apartado antes de ser madre) y, cuando se las explicas, tampoco las entienden. Creo que hay grupos mixtos que funcionan perfectamente y los que no son padres se adaptan a las necesidades de los progenitores y su prole. Otros, en cambio, siguen pensando que su estilo de vida (¡ay!) es incuestionable e incompatible con el resto del mundo. La verdad es que este tema me preocupa muy poco. Lo que me sigue sorprendiendo es cómo las personas sin hijos tienen (o dicen tener) unas agendas apretadísimas. Insisto: no sabía qué era la escasez de tiempo hasta que me convertí en madre primeriza. Esa falta de organización y de parsimonia, placidez y ociosidad es lo que me mata (de envidia) de las personas que no tienen hijos. “¿Nos vemos el sábado?”, “Uy, no, ¡imposible! ¡Estoy tan ocupada!”, contestan. Y yo me pregunto: “¿En qué?”.

En la imagen, vía Pinterest, una botella de cerveza reconvertida en florero.

 

Cortocircuitos maternales

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El paso del tiempo no ayuda

Con el nacimiento de los hijos, las neuronas maternales se van al traste. Está estudiado y constatado que cuantos más retoños, en peor estado queda el cerebro de la progenitora. Yo que sólo tengo una no debería quejarme. No obstante, voy a compartir, una vez más, mis penosas intimidades fruto de un cerebro que cuando está con Emma está pensando tres o cuatro cosas a la vez, quizá más. Y es que durante el primer año de vida de la fiera, un clásico de esta madre primeriza fue ponerse las bragas del revés. No lo de delante atrás, que de eso me daría cuenta por pura incomodidad. Sino vueltas del revés. Y no os creáis que me daba cuenta del despiste al primer pis. ¡No, no, no! A veces llegaba a la noche y era entonces cuando decía ¡ups! Pues bien, para mi sorpresa nada ha mejorado con el tiempo. Periódicamente ando con las braguitas del revés (sobre todo las lisas, que son más fáciles de confundir), pero es que lo de esta semana ha llegado a niveles insospechados. Hace cuatro noches me desmaquillé el rímel de un ojo con agua oxigenada. Aquello escocía un montón y miraba el algodón empapado de agua oxigenada sin diluir sin entender nada. Incluso observaba el bote de agua oxigenada y seguía ¡sin percatarme! Necesité varios segundos (cortocircuito maternal) para reaccionar: el bote de agua oxigenada no es el bote del agua mixelar desmaquillante. Y vayamos con la segunda ronda: ayer era el cumpleaños de una buena amiga y vía whatsup le envíe una felicitación, que terminé con “te mando 33 besos”. Ella me respondió que esperaba que el beso fuera de propina… ¡Ups! No es que me colara sólo con su edad, sino que me colé con la mía porque mientras whatsapeaba hice el siguiente cálculo: “si yo tengo 34, ella cumple hoy 33″. No, no, no, Gessamí, ¡tú todavía tienes 33! Y 33  menos uno son 32 (los años que ayer cumplía mi amiga). Últimamente estoy fatal. ¿Vosotras también?

En la imagen, una paradisiaca playa griega vía The best travel photos.

La casa de muñecas

la casa de muñecas

Escenarios para cultivar la imaginación

Cuando Emma tenía dieciocho meses le regalaron esta casa de muñecas. La podéis encontrar en Lidl (cada año la sacan a la venta antes de Navidad) y es un gran acierto para cultivar la imaginación y los juegos simbólicos en niños de alrededor de dos años. Con sólo un año y medio la niña empezó a jugar de una manera muy básica, interactuando en ese escenario lúdico, que fue el primero que tuvo. Luego llegaron las vías del tren, el aeropuerto, la granja, etc. Lo primero que hizo con la casa de muñecas fue coger las camas y poner el bebé a dormir. El bebé es la figura más pequeña y con la que se identificaba entonces. Ahora escoge a la niña (también hay un niño) y a la madre y al padre. Sigue colocándolos a dormir y resuelve a su manera el problema de espacio: la casa de muñecas tiene sólo dos camas individuales. En una duerme el padre; en la otra la madre y encima la niña. ¡¿Cómo sino?! Como veis, creo que desde su punto de vista dejar el colecho (el padre y yo en la cama de matrimonio y ella en una individual empotrada a la nuestra) está todavía un pelín lejos. ¿Vuestros hijos ya han empezado a jugar con casas de muñecas? ¿Cuáles recomendáis?

casa de muñecas de madera

En las imágenes, la familia durmiendo en las camas y la casa de muñecas, que es de madera y de colores neutros.

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