En realidad, traumatismo oclusal

¡Hola! Mis ya sonoras ausencias esconden dramas cotidianos. Te voy a contar el último, pero sobre todo se lo voy a contar a alguien que algún día lo vivirá y buscará en google “dolor de muelas” sin saber qué le ocurre. Y si llega aquí, quizá mi relato le ayude a identificar su propio drama cotidiano.

Desde finales de julio del año pasado y durante seis meses tuve un dolor de muelas muy fuerte, que intermitentemente paraba lo suficiente para poder tirar con cierta normalidad. Ahora sé que no era dolor de muelas, sino un traumatismo oclusal. No es algo raro, pero es difícil de diagnosticar y hay otra mujer en Bilbao con la que comparto una vida bucal paralela que ha perdido tres muelas –yo una–, ya que hemos terminado en el mismo hospital y en la misma dentista después de nuestro periplo particular.

Desde que era una niña, en mi postura facial de reposo los labios estaban entreabiertos y la mandíbula estaba siempre en tensión. Siempre. Labios, lengua y barbilla no trabajaban lo suficiente. Ello ha derivado en que tengo (tenía, que estoy musculando) los dos labios, la lengua y la barbilla con poca musculatura, por lo que no ayudaban al músculo de la mandíbula, el masetero, a sostenerla. Es decir, el masetero cargaba con todo el trabajo, que es mucho, ya que constantemente hablamos, comemos, reímos, estornudamos, besamos, bostezamos, gesticulamos, etc. Además, cuando estoy estresada o preocupada, tenso la mandíbula aún más. También cuando duermo. Aunque no me rechinan los dientes sí tengo bruxismo nocturno (y sobre todo diurno, diría, porque la peor parte del día llegaba al atardecer). Esto ha creado una carga bestial en el músculo masetero. Al parecer, los dientes pueden actuar a nivel sensitivo (¿neurológico?) como tendones, enviándole información al cerebro. Señales de dolor. Quizá por eso sentía un dolor bestial en un diente que no tenía nervio. Y seguí sintiendo un dolor bestial en el diente de al lado cuando me quitaron su nervio. Es decir, me he arrancado una muela desvitalizada sobre la que tenía un dolor bestial y no imaginario y luego me han desvitalizado la de al lado y seguía con el mismo dolor de antes de la desvitalización y supliqué que también me la arrancaran. No lo hicieron, pero te juro que me las hubiera arrancado todas. La única forma en la que he aliviado ese dolor, ha sido tratándome el músculo masetero con una fisioterapeuta maxilofacial.

Pero, cuando hablo de dolor, ¿de qué dolor hablo? De un dolor que te impide llevar tu vida cotidiana: no puedes dormir más de dos o tres horas seguidas, no puedes trabajar si empieza a pasarse el efecto de la medicación (si empieza he dicho, si el efecto ha terminado te subes por las paredes hasta que vuelva a hacer efecto), no puedes cuidar de tu hija, se te hace cuesta arriba estar con gente, no puedes pensar ni estar de buen humor y, en mi caso, a partir de cierto grado no toleraba el contacto físico. Al atardecer, cuando Emma me cogía de la mano un escalofrío de dolor me recorría el cuerpo hacia la cabeza. Los abrazos, de mañana por favor. Es un dolor que te lleva al hospital porque no sabes adónde ir. En la última visita, ya no podía hablar porque no podía abrir lo suficiente la mandíbula (y porque lo que balbuceaba me dolía).

Y créeme, los dentistas no entienden bien este dolor. No saben diagnosticarlo y lo diagnostican por descarte. Es el último de la fila. Y sólo unos pocos son capaces de diagnosticarlo (he consultado a una docena de dentistas y cirujanos maxilofaciales).

Por orden me diagnosticaron: una endodoncia mal hecha (estaba bien hecha), dos caries (sólo encontraron una), una caries (correcto), una caries subgingival (no la había), una endodoncia que hay que hacerte (me la han hecho, no sé si la necesitaba), una muela fracturada (ahí sigue, no es el problema), posibilidad del nervio trigemio (ni de coñen). El cirujano maxilofacial Joan Brunso fue el primero que acertó el diagnóstico, aunque a mí me costó creerle. ¿Los músculos de la cara? ¡¡¡Pero si a mí me duelen las muelas!!! Era un dolor clarísimo, aunque al principio no podía definir cuál de las dos era. Y de la encía, que tenía inflamada. Y luego una tercera muela. Así que he aprendido la lección: creo que ahora sé lo que sienten los que tienen dolor en los miembros fantasmas. De hecho, en la última visita al hospital coincidí con una mujer sin mano a la que le dolía muchísimo la mano que le faltaba. Ahí estábamos en boxes, ella con morfina y yo con antiinflamatorios por vena preguntándome cómo esa mujer conseguía seguir viva con dolores tan fuertes: “Los dolores de 10 son crisis puntuales y enseguida vengo aquí”, me explicó.

El caso es que el doctor Joan Brunso me derivó a la fisioterapeuta Idoia Zabalegui, especializada en mandíbula. La quiero, la adoro. En un mes consiguió que pudiera volver a abrir la boca con una apertura normal (4,5 cm) y con desplazamientos laterales aceptables. En dos meses volví a masticar pan. Pero lo más increíble de todo es que anoche me descubrí, mientas mantenía la posición de reposo que me ha enseñado y después de cuatro meses de rehabilitación, que podía cerrar la boca incluso con la férula (mi nueva amiga) y mantener los labios juntos y los dientes separados. Es un gesto habitual para la mayoría de las personas pero para mí, es un hito increíble.

Ahora sigo con dolor puntual en la mandíbula y oído, y también en la muela (y en el hueco de la muela que ya no tengo), un dolor que si se acentúa me provoca un dolor de cabeza considerable, pero desde que estoy con Idoia no tomo ni enantyums ni nolotils y, lo más importante, duermo, como, trabajo y cuido de Emma con normalidad. Y aún más importante: sé que no son las muelas, sino el músculo, por lo que ya no me estresa sentir dolor en muelas sin nervio o en el hueco donde no hay muela. Por otra parte, no poder dormir más de dos o tres horas seguidas y no poder cuidar de Emma ha sido lo peor de todo. Afortunadamente, ex maridín hizo lo que pudo, mi pareja ha apechugado de lo lindo  y mi padre incluso se cogió vacaciones para cuidarnos en los peores días. En serio, ha sido un INFIERNO. Pero ya ha pasado.

Así que si llegas a este post porque tienes un dolor difuso de muelas y recibes diagnósticos diferentes que no acaban de acertar con lo que te ocurre, intenta buscar un fisioterapeuta especializado en bruxismo y traumatismo oclusales, hazte una férula y, primero de todo y para descartar otros diagnósticos, busca una buena clínica dental que esté equipada con rayos 3D para que te hagan un escáner de la zona afectada (en mi caso, en la clínica del doctor Zabalegui). Si en el escáner no ve nada, quizá lo tuyo, como lo mío, sea un puñetero músculo, así como el tejido conectivo facial que le rodea.

En la imagen, en Berlin cuando empezó este infierno. Dormía en total cuatro horas en tandas de dos horas (de ahí las bolsas) y mi siguiente reflexión de aquella etapa fue que en las redes sociales no mostramos ni vemos la realidad. Sólo momentos fugaces de felicidad. Eso me ha provocado cierta crisis virtual… pero ya me estoy reconciliando 😉

 

Detalles para los traumados:

Me resultaba difícil explicar el dolor pero solía referirme a él como muy agudo, constante y con punzadas. Que empezaba en las muelas y se extendía al oído. Al final también en la cabeza. Pero en las primeras exploraciones en realidad lo que más me dolía a veces era la encía. Luego lo que más me dolía era la muela que me extranjeron (ya no la podía usar sin un dolor de ver las estrellas, también cuando estornudaba y chocaba con los dientes de abajo, eso era lo peor). Luego empezó a dolerme también la muela de al lado y, después, una de abajo del lado opuesto. Nada tenía sentido. Es cuando nada tiene sentido empiezan los diagnósticos dispares, por lo que me empecé a frustrar más y el dr. Brunso me sugirió que se trataba de un dolor miofacial y creo recordar que entre el 5 y el 10% de los pacientes que ve en el hospital a lo largo del mes se debe a dolores miofaciales (dolores de los músculos faciales, en el rostro es donde más músculos tenemos), incluso por sólo dolores de lengua. En todo ese proceso tomé demasiado antibióticos, y confieso que me automediqué, que no sé si hicieron algún efecto o fue un efecto placebo, porque yo sí notaba cierta mejoría a partir del cuarto o quinto día. El asunto es que cuando pensaba que tenía la situación controlada, algo se torcía y volvía a empezar el calvario. Creo, aunque no tengo ni idea, que cualquier momento de estrés o tensión me hacía tensar más la mandíbula y debido a la tensión y dolor previamente acumulados, el dolor volvía con mucha fuerza. Como último recurso, mi dentista actual, Eva Berroeta, me sugirió bótox, que podría inyectarme directamente al masetero el neurólogo de la Seguridad Social. “Durmiendo” al músculo, dejaría de sentir dolor. Sin embargo, aunque ahora me agrada saber que existe ese medicamento, mi fisio y yo apostamos por la rehabilitación del músculo y creo que lo estamos consiguiendo, algo de lo cual estoy enormemente orgullosa. Ahora bien, en esa rehabilitación también incluye relajaaaaaarme. Y eso, con mi vida actual (madre, divorciada, reemparejada, pero no con alguien de la misma ciudad, con familia a 600 km, trabajadora autónoma), me parece una batalla que no sé si voy a conseguir ganar. Pero seamos optimistas. Ommmmmmm…..

Las pedazo raíces de mi muela:

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