luz

Trabajar la empatía

Leí una vez que para educar hay que pensar a largo plazo y trabajar en ello día a día. Desde hace un par de meses pienso constantemente en esa máxima porque mi hija de cuatro años se ha convertido en una preadolescente contestona y puñetera. Ya no me sirven antiguas estrategias, por lo que pierdo los nervios o me quedo muda, a pesar de que no quiero ser un mal ejemplo para mi hija. Me río de los terribles dos años. Los límites que está explorando ahora son mucho más difusos y peliagudos. Los niños aprenden muy fácilmente a hacer daño con las palabras a sus amigos y compañeros. Y Emma ya lo ha aprendido, no es una excepción, aunque para mí hasta hace poco era la niña más buena del mundo y que nunca pegaba. Vaaale, la etapa bebé ya ha pasado a mayor gloria, pero al menos tengo clarísimo que no quiero que mi fiera se convierta en una abusona y que es mi tarea de madre reconducirla por el buen camino cuando se pierda. Pero mejor os lo explico con un ejemplo: Emma y su mejor amiga no mantienen una relación sana y cordial todo el tiempo. Cuando pintan en casa, por ejemplo, cuando terminan sus dibujos Emma le dice a su amiga sistemáticamente: «Tu dibujo no me gusta». Mi corazón de madre se encoge al oír eso y me posiciono con la niña herida: «¿A no? Pues a mí me encanta». Y noto el escozor de mi hija al oír eso. Evidentemente, esa respuesta tampoco es buena, por ese escozor que causa. Así que he decidido que la próxima vez que pinten abordaré el asunto con otro enfoque más creativo: «Creo que dices que no te gusta porque quieres hacerle daño con las palabras, pero no me parece que ese sea un comportamiento apropiado de princesas. Elsa nunca le diría eso a Ana«. ¡Toma, toma retoma! ¿A qué mola? Ya lo tengo ensayado y he copiado la estrategia de esta madre, la cual tampoco quiere que su hijo se acabe convirtiendo en un líder de bulling, tal y como ella lo plantea de forma estupenda en su post. Por cierto, ella utilizó a Spiderman en vez de a Elsa. Cada niño tiene sus ídolos 😉 Pero la cuestión es muy sencilla, ninguna queremos que nuestros hijos sean unos cabrones y para ello hay que trabajar la empatía día a día. ¿Qué te parece? ¿Tus hijos ya han aprendido a chinchar y a hacer burla a sus compañeros, amigos o hermanos? ¿Qué haces en esos casos? Me encantaría escuchar tus recursos porque nunca se tienen suficientes. ¡Besos!

En la imagen, una luz, una decoración, una idea.

PD: El titular es muy sensacionalista, lo sé, pero es lo que me pregunto cada vez que observo a una madre del parque del minipueblo que se muestra impasible ante las trastadas hechas con muy mala idea por parte de su hijo.

PD2: Quizá alguna piense que dejando a los niños ser unos cabroncetes evitas que le hagan daño de mayor porque se hace fuerte. No comparto esa idea. Creo que la empatía y la autoestima se trabajan por separado y que una refuerza a la otra. No sé cómo se hace pero espero encontrar el camino…

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